martes, 27 de junio de 2017

"El ancho mar de los Sargazos", de Jean Rhys



Título: El ancho mar de los Sargazos

Título original: Wide Sargasso Sea

Autor: Jean Rhys (1890- 1979)

Año de publicación: 1966

Traducción: Catalina Martínez Muñoz

Calificación: 🌟🌟🌟


Conocí ese momento del día en que el cielo puede parecer muy negro, aunque esté azul y haga calor. 


He comprobado que las relecturas sanan. Me refiero al efecto que tienen en la relación lector- libro. La primera vez que leí esta novela (la abreviaré WSS, con las iniciales del nombre original) no me provocó asombro. A pesar de que hice un trabajo con ella, no me sentí comprometida con la obra y fue frustrante. Se mete con algunas cuestiones que para mí son intocables del libro al cual hace referencia. Yo me acerqué más, encontré qué era lo que no me había convencido y, a la vez, consolidé las preferencias. Sigo opinando lo mismo y no cambiaré la calificación: es una buena novela que se puede considerar innecesaria o independiente, pero peca de excesiva. Antes que nada, pido disculpas por la chatura de mi reseña. Como estuve explorando y marcando demasiado este libro, no quiero volcar todo acá. Sería aburrido. 

Antoinette Cosway es una niña que vive en Jamaica, más precisamente en un lugar llamado Coulibri, con su madre y los criados. Criolla y descendiente de una familia de esclavistas, Antoinette sufre las consecuencias, que consisten básicamente en recibir el odio de los negros y de los ingleses. Sin embargo, el odio al que Antoinette le teme es al de su madre, Annette, que la rechaza. La niña crecerá, se casará con un inglés que llega a la isla y ahí se pondrán en evidencia las diferencias entre ambos. 

Admito que la sinopsis es muy vaga (me gusta más la de la edición), pero culpo a la cantidad de sucesos que le ocurren a la protagonista en la primera parte, que consta de unas pocas páginas. Todos son muy violentos y desgraciados: le queman la casa, la madre contrae matrimonio y se vuelve loca, el hermano tiene un retraso madurativo. No niego que a una persona le puedan ocurrir tantas cosas en tan poco tiempo, sólo me refiero a que esto es ficticio y que se podría haber hecho una selección más acotada de vivencias porque, a fin de cuentas, Rhys trata de justificar el comportamiento futuro de Antoinette. Si hubiera experimentado menos tragedias, igual la justificaría y apelaría a la lástima del lector. No me puedo quitar la sensación de que hay algo que sobra y la novela no es tan extensa como para desarrollar mil temas. En algunas cuestiones, no va al hueso y se podrían haber explicado, como las divergencias entre las razas (no me gusta esta palabra, la uso porque la preciso) de las Antillas. De esta manera, el encono entre los Cosway y los demás habitantes no hubiera parecido tan superficial cuando, en realidad, era relevante para comprender la totalidad. Lo señalo porque obliga a buscar información (si lo ignora) y deja “colgado” al lector en la misma novela. Me sucedió la primera vez que la leí. 

La narración de WSS está compuesta de varias voces que no puedo indicar con lujo de detalles. Hay muchas perspectivas e intenta que no nos quedemos oyendo una sola campana, ya que los secretos que se ocultan y se revelan son determinantes. Antoinette no es la única persona miserable en la novela, pero sí es la que parece recibir, casi por decantación, los golpes de los que también sufren. Antoinette, a pesar de que se vuelve adulta, suena infantil, llena de nostalgia y se muestra insegura de sí misma. Lo mismo sucede con la voz de la segunda parte, que es masculina y más agresiva. En un momento se interponen y, aunque se utiliza en un momento clave, el recurso me disgustó. Es confuso y produce un efecto de desborde insoportable. En otros textos me fascina, pero aquí parece un despropósito. Es como agregarle más agua a un vaso que ya estaba rebalsando.  

En cuanto a los personajes, son odiosos. Sin excepción. Antoinette, la madre, sus respectivos maridos, Christophine (la niñera negra de Antoinette que practica magia), los criados… Juntos conforman una lista de gente destinada a hacer daño al prójimo porque primero se lo hicieron a ellos (una parte de la justificación del accionar de la protagonista) y, por supuesto, todos parecen estar de acuerdo en destrozar a la chica. SPOILER El marido en particular, <i> ese que conocemos</i>, queda como el villano de la película y le echa tierra al que tenía previamente en la cabeza. Tuve que esforzarme para desdoblar a ese personaje y no vapulearlo en mi relectura de Ya- Saben- Qué. FIN DEL SPOILER En su defensa, no son personajes planos. El desarrollo se da de forma gradual, lógica y desemboca siempre en algo siniestro. Si tuviera que elegir, Antoinette sería mi favorita por las distintas fases que atraviesa en la novela, sin perder la mirada maravillada que dirige hacia los lugares de pertenencia. Me hizo acordar mucho a Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Las similitudes (Siempre…  es anterior a este libro, ¿Rhys lo había leído?) me obsesionaron. 

Ojalá me hubiera encantado más, pero hay cuestiones que no las puedo salvar ni dejando a un lado el fanatismo. Las cosas que me gustaron de la novela las cuento con los dedos: la conformación de Antoinette (que ya mencioné), la influencia del hábitat en los personajes, la locación “exótica”, los hechos que disparan reflexiones acerca de los orígenes y el género femenino. Hay algo que no mencioné y que funciona como hilo conductor de la novela: la herencia de la locura. Los Cosway parecen compartir esa “maldición” que aumenta la desconfianza de los vecinos y hasta la de los propios criados. Si bien el padre de Antoinette no goza de buena fama, es interesante rastrear cómo afecta la supuesta esquizofrenia a Antoinette y a su madre. 

Destaco la inteligencia de la autora para mantener ocultos (hasta donde pudo) los nombres de los personajes. Comprometerse a escribir esta clase de libros siempre generan un riesgo, mucho más sabiendo que  el otro SPOILER (dato inútil, pero curioso: las fechas de los acontecimientos de WSS no coinciden con las de Jane Eyre y no sé si Rhys lo hizo por descuido o para despistar al lector)  FIN DEL SPOILER tiene una buena cantidad de lectores a cuestas que resisten ese entrecruce, como yo. WSS ya se ha hecho un nombre propio en la historia de la literatura del siglo XX y hay que aprender a vivir con eso. Al menos ahora ya no estoy enemistada con ella.

viernes, 23 de junio de 2017

"Yo acuso: la verdad en marcha", de Émile Zola



Título: Yo acuso: la verdad en marcha

Título original: J'accuse...!

Autor: Émile Zola (1840- 1902)

Año de publicación: 1898

Traducción: José Elías

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

¡La verdad! ¿En qué concepto la tenéis, en todo este episodio que sacude por entero a una vieja organización, para creer que es un objeto sencillo y manejable, que se pasea por la palma de la mano y que se pone a voluntad en la mano de los demás como un guijarro o una manzana? 


Este libro resulta curioso porque consiste en una reunión de los artículos que publicó Émile Zola durante el caso Dreyfus y tienen una potencia atroz. Algunos pasajes hasta podrían resonar todavía en nuestros tiempos, como aquellos en los que se expone el intento de iniciar una guerra religiosa. Resumo rápidamente el caso: en 1894, el Ministerio de Guerra francés acusó al capitán Alfred Dreyfus de haber facilitado documentos confidenciales a los alemanes. La prueba contundente nunca se hizo pública y, a pesar de que un hombre llamado Ferdinand Walsin Esterhazy apareció como el verdadero traidor, a este se lo absolvió. Así, Dreyfus sufrió una especie de re-acusación, en donde además pesa el hecho de que era judío y alsaciano en un contexto antisemita y nacionalista. No es un dato menor. El pedido de la familia de Dreyfus para que se revise el juicio fue tomado en cuenta por mucha gente. Francia se dividió en dos: los que estaban a favor de Dreyfus y los que no. Hay unos cuantos nombres conocidos en ambos bandos. Zola (que pertenecía al primer grupo) se comprometió tanto con el tema que sus artículos lo llevaron a la cárcel y al exilio, debido a que las figuras públicas a las que él responsabilizó del escándalo judicial, político y social tomaron medidas y lo denunciaron por difamación. 

Lo interesante se contempla en cómo este escritor se dirige hacia las partes involucradas y utiliza la palabra para provocar un cambio. Se exalta al defender y defenderse, tratando de dar un “golpe” que despierte a esa Francia que tanto bregaba por los derechos del hombre. Zola ataca al antisemitismo (le quedó claro que, si se continuaba con la acusación a Dreyfus, era más por motivos religiosos que convicciones judiciales), a la prensa (la titiritera de los humildes, según su percepción, y la que echaba leña al fuego), a las autoridades y hasta llega a enviarle una carta a los presidentes. Yo acuso resulta ser un texto muy bueno por la claridad con que se pinta el día a día del caso y de la opinión pública, que sacaba de quicio a Zola. Él se ofrece como sacrificio en pos de la verdad y de la justicia y tal vez suene un poco grandilocuente. Lo cierto es que su análisis, por más molesto que sea (lo digo refiriéndome a la subestimación que hace de la inteligencia del pueblo, no a la defensa en sí), pone en el tapete muchos asuntos para pensar. Uno de ellos es el concepto de la verdad. Y, si bien el indulto a Dreyfus se otorgó mucho tiempo después, dejó al desnudo que Francia tenía dos caras. 

La edición (por si alguien tiene la misma o piensa adquirirla) está parcialmente incompleta. “El juicio”, “Carta a la juventud”, “Carta a Francia”, “Yo acuso” y “Declaración ante el jurado” son los únicos textos que se reproducen en su totalidad. Los demás, como la carta que le escribió a la esposa de Dreyfus, están constituidos por una selección de fragmentos. 

sábado, 17 de junio de 2017

"Tess: una mujer pura", de Thomas Hardy



Título: Tess: una mujer pura

Título original: Tess of the d'Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented

Autor: Thomas Hardy (1840- 1928)

Año de publicación: 1891

Traducción: Manuel Ortega y Gasset 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Todo esto ocurre por haber nacido en un astro picado y no en uno sano, ¿verdad, Tess?


Qué buen libro y qué buen final. Temía un poco perderme en la fama que tenía y decepcionarme, pero en la lectura me di cuenta de que la atención puesta en este libro no es gratuita. Tess habla, muestra, protesta. No creo que Hardy haya sido tan inocente como para no hacerlo y eso se nota en sus prefacios. Imposible no tratar de decir algo de una época tan acartonada e hipócrita como la victoriana.

La historia es, desde el principio, muy desgraciada y hay un hecho bisagra (que sucede en los primero capítulos) que está en casi todas las sinopsis. Me veo en la encrucijada de contarlo o no para no arruinar detalles, pero en todo caso lo oculto como spoiler (sólo tienen que seleccionar lo que ven en blanco). Tess Durbeyfield es una joven muy hermosa, hija de un vendedor de cera que de la noche a la mañana se entera de que él y sus hijos son el último eslabón de una familia muy antigua, los d’ Urberville. El padre de Tess se pone loco de contento y empieza a proclamar por todo el lugar (esto transcurre en la campiña) que es descendiente de caballeros. Ahora bien, parece que alguien más ha adoptado la forma original del apellido y cuando se produce un momento de necesidad económica (los Durbeyfield son pobres) la envían a Tess a pedir limosna, básicamente. Y, si es posible, que se case con el joven de la familia.

El acontecimiento que marca todo el resto del libro y no se puede obviar del todo es que SPOILER el joven Alec d’ Urberville se obsesiona con Tess y abusa de ella mientras estaba dormida en el bosque. Por supuesto, él lo va a negar y a decir que tuvo su consentimiento, cuando en realidad Tess no sabía ni lo que estaba haciendo, gracias a la ignorancia a la que los padres sometían a sus hijas en lo tocante al tema. FIN DEL SPOILER Esto pondrá en duda, por la consecuencia que trae, qué tan pura es Tess. Porque a ella nadie le preguntará qué pasó y si se siente bien, no, no. Ni su madre (una bestia) lo hará. A Tess la señalarán con el dedo y murmurarán detrás de sus espaldas, no importa si se quiebra el cuerpo trabajando y trata de ganarse el sustento. Entonces Tess tendrá que buscar un rumbo nuevo e irse de la casa paterna. Previamente, habrá un cruce con un personaje importante de la historia, Angel. Cuento todo esto porque, más allá de que el libro sea literariamente bueno, creo que la historia merece un foco aparte.

Hardy lleva al lector a dar un paseo (no siempre grato) por el campo, en el sur de Gran Bretaña, si no me ubiqué mal. La ciudad siempre es algo lejano, un lugar de rebote, no de paso. A la ciudad se va para viajar hacia otra parte, al campo se va a vivir experiencias. Las descripciones en tercera persona de los trabajos rurales son muy buenas (y supongo que acertadas, porque admito que no busqué el proceso de elaboración de la manteca en esos tiempos, por ejemplo) y demuestran el poder de observación y de compromiso de Hardy, quien, al parecer, tenía ciertos problemas con la industrialización. Hardy pone a prueba a la gente, porque los términos que utiliza no son los que una acostumbra a cruzarse en los libros, ya que la labor en la lechería tiene sus términos específicos, al igual que las demás. En ese momento la lectura se entrecorta un poco, pero no la desalienta. El único momento en donde sentí que el libro se hacía lento fue durante la cuarta y la quinta parte, porque hay algunos hechos que se alargan innecesariamente y esto, acompañado de las descripciones de Hardy, me causó cierto malestar.

Otra cosa que fue difícil de seguir porque era omnipresente: la religión. En este libro coexisten personajes con creencias pertenecientes a distintas iglesias. No recuerdo si hay algún capítulo en donde no se mencione algo de eso. Me parece que existe cierta crítica de Hardy en algunas frases, sobre todo porque ninguna de las religiones es capaz de albergar a Tess, que tiene una confusión tremenda en cuanto eso. Supongo que pensar esto hace que haya alguna utilidad en toda esa parafernalia de credos y mucho más en una población rural, pero en un punto me agotó. SPOILER La gota que rebalsa el vaso es asistir a la conversión de Alec en un predicador, cosa que no le dura mucho porque él mismo se encargará de culpar a la mujer de haberlo “tentado” dos veces. Es una de las ironías del destino de las mujeres: Alec encuentra consuelo en la religión, Tess no. FIN DEL SPOILER

En cuanto a los personajes, todos poseen sus luces y sus sombras. Hardy los matizó maravillosamente bien porque en algunas situaciones una duda de ellos, de su verdadera personalidad. Las reacciones que cada uno de ellos tiene ante el pasado de Tess sirven como vara para medir, por ejemplo. Y más de uno causa una decepción, ya que se espera más compasión por la protagonista. Tess me cayó bien como heroína porque toma decisiones pero es exasperante cuando no piensa por sí misma. Está atravesada (y me juego a que está hecha así a propósito) por las creencias de los demás, por los pensamientos ajenos, por los tiempos ajenos. Piensa que su condición la limita y no tiene otra opción que agachar la cabeza y dejarse manipular. Como ya dije, el siglo XIX se encargó de destrozar a las mujeres con su paradigma moral insostenible y disparejo y el desinterés por verlas más allá del rol de esposa, madre y cosa (sí, ser una cosa sigue siendo un rol). SPOILER Es muy impresionante la parte en la que Tess se “afea” porque advierte que su principal problema es ser hermosa y llamar la atención de hombres a los cuales ella no les pide ninguna opinión.  FIN DEL SPOILER La ingenuidad y la desesperación por ser aceptada la llevan a cometer un error muy grande y pierde lo que más quiere por eso. Tess es arrastrada por las circunstancias, a fin de cuentas. Los demás protagonistas, como Angel, el desagradable Alec, los padres de Tess (aunque estos aparecen menos) y las nada rencorosas Izzy y Marian, contribuyen a elaborar el destino de Tess.

El final es inesperado pero el libro da pistas y hay que prestar atención. Hardy plantea un dilema y, aunque se evidencia que está de parte de Tess, el narrador trata de tomar distancia del asunto y está bien. Pienso que, de haber ocurrido eso en el principio, el curso de la historia hubiera sido el mismo, así que está puesto estratégicamente para que impacte y cierre el libro.

No sé si seré muy exagerada al decir que Tess me pareció uno de los mejores libros escritos durante la época victoriana. Hay muchos y tal vez en un punto todos se asemejan, por eso me atrevo a decirlo. Y creo que la protagonista sufrida y desesperada, en este caso, toma un riesgo que no vi que lo tomaran otras. Me quedo con la sensación de que Tess logró cubrir mis expectativas con sólo contarme la historia de una mujer desdichada, víctima de su entorno íntimo y del contexto social. 

domingo, 11 de junio de 2017

¿Por qué hay que ver "Wonder Woman"? ¡Sin spoilers!

“¿Quién sería si me quedo?”, pregunta Diana, la princesa de Themyscira, antes de abandonar la isla natal. Esa frase (es una traducción muy literal, lo sé) permaneció dando vueltas en mi cabeza porque, si el espectador se animara a responderla, habría múltiples posibilidades. Sin embargo, ninguna sería satisfactoria para lo que Diana pretende hacer y, tal vez, nos quedaríamos sin heroína (aunque podría serlo en la isla, ¿por qué no?). La cuestión es que Wonder Woman (2017) se trata de una mujer que decide cambiar el rumbo de su destino más cómodo (es decir, vivir tranquilamente entre las amazonas) para meterse en el mundo de los humanos a los que ella prácticamente ignora y a los que nada les debe. Pero cuando Steve Trevor cuenta lo que se está viviendo más allá de esa isla, cuando escucha que la Gran Guerra puede tornarse más cruel de lo que ya es, Diana elige intervenir. Designio de los dioses o no, ella se va. 

Puede sonar infantil, pero una vez pensé algo parecido a la frase con la que inicié el texto. Cuando anunciaron que iban a hacerle una película a Wonder Woman, resolví que la vería en el cine si la suerte me dejaba (es decir, si no me enfermaba por esos días, si tenía un peso en el bolsillo o algo similar). Quería verla, no sólo porque pasé días geniales de mi infancia viendo la repetición de la serie con Lynda Carter en Warner (y ahora me desacostumbré a mirar series, lamentablemente), Super Friends y Justice League Unlimited. Tampoco porque es mi superheroína favorita o me cae bien la actriz. No digo nada nuevo si me pongo a hablar de la maldición que pesa(ba) sobre las películas o series protagonizadas por heroínas. No sumo mucho si me quejo del caso omiso que Marvel hace al pedido de una película monográfica de Black Widow o el desplante que le hicieron a la villana en Iron Man 3 (2013). Por eso pensé en todo esto y dije “voy al cine, quiero ver a Diana, quiero aportar a que digan que sí funciona”. Quién sería si me quedo, ¿no? Y qué bueno que no me quedé.   

Ahora bien, no pretendo hacer una reseña de la película porque no soy especialista en cine y mucho menos en comics, a pesar de que me encanta todo lo relacionado a ellos. Mi lenguaje técnico y mi ojo no funcionan como cuando leo un libro, pero puedo tratar de tomar las riendas de otro modo. Me atengo a hablar de las cosas que observé en la película. Lo que me interesaba contar de Wonder Woman no está ligado sólo a que es una buena película y que finalmente me hizo sentir que el universo cinematográfico de DC había dado en el clavo (por supuesto, estoy dejando afuera de esto a la trilogía sobre Batman dirigida por Christopher Nolan). Está relacionado a lo que esta superheroína significa para mí y el motivo por el cual creo que todos, sin distinción de género, deberían darle una oportunidad. Antes que nada (no quiero hacer esto muy largo, juro que termino pronto), la película se está tildando de feminista y sí, tal vez lo sea. Debido a que el término no está exento de subjetividades, aclaro que es “feminista” como corresponde, sin bastardear a los hombres y sin plantear la superioridad de las mujeres. En Wonder Woman no hay misandria, una palabra que siempre pulula cuando se habla de superheroínas (¿qué culpa tiene de que todos los que la enfrentan sean hombres? Eran soldados, ¿qué esperaban?). Se dice mucho “ellos tal cosa y ellas tal otra” porque se le está retratando a Diana cómo es la sociedad con la que choca culturalmente y no encaja porque no se lo permiten. No intenta incomodar, simplemente establecen las diferencias entre la Londres de 1918 y Themyscira. La película no denigra a nadie y se nota que desde el “vamos” fue pensada para todos los públicos. Y la relación entre Diana y Steve, por si quieren saberlo, no empalaga y sale bastante del molde. Las interacciones entre ellos no tienen desperdicio. Como dicen por ahí, Gal Gadot no es Meryl Streep, pero compone muy bien a Diana (y tiene voz raposa, cosa que me parece genial, y cada tanto lanza esa mirada que advierte “conmigo, no”) y Chris Pine acompaña de maravillas. Para ser honesta, lo único que me decepcionó de la película es el patetismo de los villanos, sumando los pozos mínimos en el argumento. Siempre hay alguno. Ah, y algunas escenas en donde cuidan que la protagonista se vea hermosa y prolija.

Una de las cosas que amé terriblemente es la complejidad de Diana Prince. Como le comenté a una amiga hace poco, ella es todas (o casi todas) las mujeres en una sola. Es increíble lo simpática que resulta con su extravío en medio de un mundo hostil. Diana no se enoja con la realidad: la pelea. Rompe una falda ceñida que le impide pegar patadas, irrumpe en reuniones reservadas a los hombres, se planta cuando cree que algo es injusto sólo porque le conviene a unos pocos. Diana no acepta “quedarse”, ella viajó hasta allí con un propósito. Y mientras se enternece por un bebé, demuestra sus conocimientos (quiero hacer una entrada sobre autores antiguos que menciona, por cierto), se enamora, se horroriza con la guerra, toma decisiones, recibe y desoye consejos, protesta, se indigna, es híper comprensiva, se muestra amable y sí, lo más importante para los que adoramos las escenas de acción, empuña una espada con una fiereza excepcional. Me gusta esta Diana Prince. Tal vez en Batman v Superman: Dawn of Justice (2016) se la presente con una faceta seria, pero es mucho más que eso.

Lloré en esta escena. Sepan comprender.

Así que vayan, si está a su alcance. Vayan, vayan, vayan. No puedo decir “hagan como yo” porque no soy quien para obligar a nadie y no soy ejemplo de nada. Lo único que puedo hacer es contarles mi experiencia. Al empezar a buscar los horarios de las funciones de cine por internet se me cruzó por la mente el frío que haría en Buenos Aires ese día (efectivamente, fue un día gris y helado), la cantidad de dinero que implica gastar en este país para una salida de entretenimiento, la posibilidad de que hubiera algún problema en el transporte o que me tocara una sala llena de gente que comenta la película mientras la está mirando (y ahí le hubiera dado la razón a todos los que la disfrutarán en sus casas). Pero en un rapto de inspiración me pregunté “¿quién sería si me quedo?” (por segunda vez) y me convencí. 

Nota: tengo pegada la canción “To Be Human”, de Sia y Labrinth. Y no molesto más.

Nota 2: agradezco los comentarios, en serio, pero no dejen spoilers 😉

viernes, 9 de junio de 2017

"Condena", de Rachel Hawkins (Hex Hall #1)



Título: Condena

Título original: Hex Hall

Serie: Hex Hall #1

Autora: Rachel Hawkins (1979)

Año de publicación: 2010

Traducción: Ariadna Castellarnau Arfelis

Calificación: 🌟🌟🌟

Composición de la serie:

2) Desafío

                                                      3) Embrujo

                        Spin off (se ubica después del último): School Spirits



Tres estrellitas que van no porque soy mala (a veces me siento más bruja que la protagonista de este libro…), sino porque confío en que va a mejorar. Como casi todo inicio de una saga, Condena es muy introductorio y nos va presentando su mundo y sus personajes, aunque pueda pecar de superficialidad en varias ocasiones. Divertido y ágil, pero poco innovador. Ese sería un buen resumen.

Sophie Mercer es la protagonista de una historia que la tiene como el desastre más desastroso del universo. Apenas empieza el libro ya sabemos que tiene poderes (primer error) y que la van a enviar a un reformatorio para Prodigium (brujas, hadas y metamorfos) porque es un peligro caminando. En fin, allí va a conocer a una amiga rara, al chico más guapo del colegio (segundo error) y al trío de tontas que se creen cool (se prenden las luces rojas del error). La verdadera intriga está en los incidentes que la van a tocar de cerca.

El mundo que rodea a Sophie es simple, al menos por el momento. Hay cierta leyenda que explica el origen de los Prodigium (y está pésimamente explicada, por cierto). Hay brujas oscuras y blancas, demonios, hadas y metamorfos. Hay secretos que, si fueran revelados, dolerían. Y, por supuesto, existe un Concilio que fija reglas y grupos “anti gente mágica” que le van a dar un toque interesante. Como Sophie fue criada por su madre humana, no conoce mucho de ese mundo salvo por lo que leyó en algunos libros, así que las personas que conocerá la iluminarán un poco en el tema. Lo malo es que a veces no ahondan en lo que están comentando (tal vez porque es algo que Sophie ya debería saber y por eso lo hacen con cierta dejadez) o dicen todo a medias. En todo caso, esto último se vuelve comprensible.

Los personajes me parecieron estereotipos, casi calcados de una película de secundaria (Mean Girls, tal vez), pero son bastante queribles, graciosos y tienen ciertos giros que los sacan parcialmente del encasillamiento. La protagonista está correcta y piensa rápido. Tengo la sensación de que en el próximo todos se van a complejizar más, ya que la historia lo amerita. Algunos SPOILER (como la Vandy, una suerte de Severus Snape versión femenina, y Casnoff, que se muere por ser Dumbledore) FIN DEL SPOILER necesitan urgente un lavado de cara que los haga identificables por sí mismos.  Al leer este libro tuve la sensación de estar leyendo pedazos de otras sagas y de estar frente a sus elementos, así que lo primordial fue ver de qué forma se insertaban en la historia para volverla más original y hacerla avanzar. El punto a favor está ahí: sus particularidades lo hacen, no las ajenas.

Cuando termina el libro va quedando más claro por qué Hex Hall vale la pena el esfuerzo y por qué leí las continuaciones. Me gustó el final y quise saber qué sería de las complicadas y mágicas vidas de estos personajes.