miércoles, 31 de mayo de 2017

"Siempre hemos vivido en el castillo", de Shirley Jackson



Título: Siempre hemos vivido en el castillo

Título original: We Have Always Lived in the Castle

Autor: Shirley Jackson (1916- 1965)

Año de publicación: 1962

Traducción: Paula Kuffer

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

Quizá esas casas selectas habían sido capturadas – ¿quizá como castigo a los Rochester y a los Blackwood y a sus corazones secretamente malvados? – y las tenían prisioneras en el pueblo; quizá su lenta putrefacción era un símbolo de la fealdad de los habitantes del pueblo. 



La cita que extraje es sólo una muestra de lo incisiva que puede ser la narradora que maneja este libro. Soy consciente de que no es el mejor, sé que el final no tiene el impacto de las revelaciones que se hacen a lo largo de la lectura y también sé que pierde “tiempo” (o páginas) dando explicaciones que podrían haberse obviado. Sin embargo, Siempre hemos vivido en el castillo es uno de los libros que más movieron mi experiencia lectora en los últimos meses. Me encantó, lo disfruté, me atrapó y así lo califiqué. 

Siempre hemos… cuenta la historia de Mary Katherine “Merricat” Blackwood, una chica de dieciocho años que vive en una de las mejores casas del lugar junto con su hermana mayor Constance, su tío Julian y Jonas, el gato. Ellos son los (casi) últimos Blackwood, ya que el resto de la familia falleció en un episodio tétrico que se irá revelando con el correr de la narración. Merricat es la única que sale de la casa (sólo hace las compras y va a la biblioteca) mientras que su hermana se dedica a cocinar y su tío a… bueno, a escribir un libro y tomar sol. La vida es muy apacible de esa forma, pero luego están los vecinos que los señalan con el dedo y no pierden oportunidad para hostigar a Merricat cada vez que la ven en el pueblo. Las razones de este comportamiento son variadas y complejas.

Durante gran parte del libro se asiste a la vida semi ordinaria de los Blackwood. Las descripciones son un poco extensas, algunas se repiten (como el hecho de que Merricat se obligue a ser más amable con el tío) e incluyen mucha comida (admito que abre el apetito porque todo lo que cocina Constance suena rico). El hermetismo de ellos es parcial, pero tampoco rompe la burbuja. Merricat, Constance y Julian reciben visitas y las espantan con sus maneras afectadas, llenas de silencios, salvo cuando Julian abre la boca y saca a la superficie el episodio que los condenó a esa manera de vivir. El tío funciona como la memoria parlante del pasado, trayendo a colación aquello que Merricat quiere (¿quiere?) soltar en medidas dosis. La irrupción de un elemento extraño en la casa (seré más clara: es un humano) altera completamente la rutina y el orden al que están acostumbrados, a tal punto que Merricat dejará de comportarse como una chica medianamente obediente. SPOILER Charles Blackwood, el primo, remueve lo peor de cada habitante de la casa. La única que se excluye es Constance, quien se mantiene impoluta y educada hasta en las situaciones más violentas. FIN DEL SPOILER 

Merricat es la voz cantante de la historia y me atrevo a decir que es una de las mejores que he leído. Al ser un personaje con muchas aristas, su perspectiva puede pertenecer al plano de la realidad o al de la fantasía (como el deseo de vivir en la Luna). Puede ser muy infantil o muy adulta, muy cariñosa o muy agresiva. El lector tiene que recomponer esos pedazos de Merricat para intentar comprenderla (o no). A veces parece formar un cuento de hadas que repentinamente se mancha con algo turbio o creepy. De principio a fin, Siempre hemos… está condicionado por lo que Merricat quiere que sepamos y lo que oculta porque le conviene. Para mí, es uno de los enormes puntos a favor de este libro, porque me encontré leyendo y leyendo sólo para que ella me explique o, al menos, confirme o destruya mis teorías. Se la puede acusar a Merricat de no ser la más simpática del universo y sería algo justo. No obstante, no hay que olvidar que los vecinos se merecen un cero en comportamiento y se mimetizan con los salvajes pensamientos de la protagonista. No existen diferencias abismales entre el mundo de afuera y el mundo de adentro. El mundo interno de la muchacha ya es otro asunto (espero que la película haya aprovechado eso). 

La primera parte de Siempre hemos… me gustó porque su carácter introductorio no entorpecía la buena experiencia de lectura. Se desarrolla lentamente mientras Merricat pretende ser una bruja que utiliza hechizos (enterrando objetos, por ejemplo) para proteger la casa o convierte las calles del pueblo en una especie de Juego de la Oca. Todos son indicios para entender mejor los capítulos en que la supuesta paz de los Blackwood se rompe y da paso al accionar extraño de Merricat, a la sumisión de Constance, a la ambigüedad de Julian. La interrupción de lo que simula ser un Edén para personas con dotes mínimas para socializar desencadena la parte más movida del libro, pero no la más temible. Creo que es la única falla que puedo señalar: el suspenso lo percibí en los primeros capítulos, no en el clímax. Allí residía una proporción importante del gótico, que no se limita a la inclusión de una casa cerrada con habitantes extraños y ya. SPOILER La narración ascendente de Merricat (es decir, el aumento de sus fantasías enfermizas) me causó más escalofríos que el incendio de la casa, por ejemplo. Me sorprendió la planificación de la chica para sacar a los estorbos del medio, no su debida ejecución. FIN DEL SPOILER Después del hecho que marca definitivamente el cierre, se desenvuelve un final que no cubrió mis expectativas pero que conservó la dignidad de la historia. Es muy peculiar y esperaba algo contundente. Tal vez debería haber recordado La lotería, (lo reseñé en Goodreads, algún día lo subiré por acá) también de Jackson, antes de presuponer cosas. Por cierto, este libro me pareció mucho mejor escrito que ese cuento. Es perturbador notar que los fragmentos más poéticos coinciden con los momentos más álgidos del desprecio de Merricat hacia los que considera como invasores. Sin embargo, las descripciones detallistas de los alrededores de la casa (asociados al estado de calma) no se quedan atrás. Lamentablemente, otras sobran, como la enumeración exhaustiva de los objetos que se hallan dentro de lugar. Sé que tiene su cuota de importancia a la hora de marcar el status socioeconómico de los Blackwood SPOILER (sobre todo cuando los vecinos, después del incendio, entran a destrozar lo que queda del mobiliario y demás, reforzando así la idea de Merricat: envidiaban el buen pasar de la familia), FIN DEL SPOILER pero fue innecesario ubicarla hacia el final. 

En el posfacio, Joyce Carol Oates (a quien no tuve oportunidad de leer fuera de sus trabajos críticos) da algunas pautas de lectura que se pueden debatir e incluso ampliar, pero me parecieron acertadas. Guardé fragmentos que iluminan el libro (no los reproduzco para que la reseña no sea infinita) y ayudan a transformarlo en algo menos extraño, si eso es posible. Tampoco estoy segura de querer desgranar Siempre hemos… punto por punto porque perdería la ingenuidad y la pasé muy bien leyendo. Hace bastante que no me cruzo con personajes complicados que integran una historia de esta índole, de esos que te hacen cuestionar de qué lado estás y por qué. Merricat es una manipuladora efectiva: casi me convence de querer ir a la Luna a mí también.      

viernes, 26 de mayo de 2017

"La edad de la inocencia", de Edith Wharton



Título: La edad de la inocencia

Título original: The Age of Innocence

Autora: Edith Wharton (1862- 1937)

Año de publicación: 1920

Traducción: María Rosa Duhart

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟


Quiero decir... ¿cómo te lo explico? Siempre me pasa lo mismo. Cada vez sucedes de nuevo para mí. 



Edith Wharton debería dar clases (si pudiera) de cómo se debe transformar una historia sencilla en una que adquiere tanta vida propia por la forma en que está contada, que la simpleza deja de importar. La edad de la inocencia no tendrá EL argumento, no es una red intrincada de personajes, intereses y giros, pero compensa todo con una trama que se enreda y va fluyendo sola, casi sin que Wharton la empuje, hacia el final. 

La historia está ambientada en la New York de 1870 y algo. Allí están los miembros de la aristocracia, esos que se quieren parecer a los europeos pero que no cesan de diferenciarse de ellos, armando sus costumbres y sancionando con el olvido a aquellos que no las respeten. Newland Archer es un joven abogado que está comprometido con May Welland, quien a la vez tiene una prima, Ellen Olenska, que vuelve a New York después de un turbulento matrimonio en Europa. Mientras la familia trata de convencerla de que no se divorcie de su marido y vuelva con él, Newland deberá convivir con algunos sentimientos que pensó que ya había enterrado con su pasado. Las mentiras, lo dicho y lo no dicho, la presión de la sociedad y de las familias serán determinantes.

Es predecible, lo sé. Casi todo el libro se debatirá en las idas y venidas de un hombre que está a punto de casarse y que ve una sombra cada vez que piensa en la palabra “matrimonio”. Y esto es, en parte, un pilar fundamental de la historia, ya que la voz narradora se encargará de desgranar muchas ideas sobre el matrimonio, los conflictos y las obligaciones de las personas que lo conforman. También critica a la sociedad neoyorquina con una ironía cruel que hasta me sonó vengativa, porque después de leer los pasajes que le dedica una no tiene ganas de vivir en esa época. El círculo de gente respetable (hasta cierto punto…) y con poder es tan diminuto, que siempre se queda en el centro del blanco de las conversaciones que se dan en las reuniones. Eso le sucede a Ellen Olenska, que con sus intenciones de divorciarse, su manera de vestir y su pasado dudoso es un tema ineludible de charla y de críticas. No se lo merece: a lo largo de la historia este personaje demuestra tener un carácter admirable, además de pronunciar la mayoría de las frases geniales que se dicen en La edad de la inocencia.

Sin embargo, el protagonista es Newland. Me encantó como personaje masculino, sin importar que algunas actitudes hacia el final del libro sean un tanto reprochables. SPOILER No me gusta, por supuesto, que engañe a May con otra mujer, ni siquiera de palabra. FIN DEL SPOILER  Newland aporta una perspectiva ceñida de la sociedad neoyorquina (a la cual él pertenece y debe padecer), en donde la familia de su novia es una de las voces más censuradoras de la misma. Él se debate entre lo establecido y lo que podría ser. Se nota la tensión que vive cuando trata de defender lo indefendible mientras los demás señalan con el dedo y lo meten en compromisos como convencer a Ellen de que no se divorcie porque está mal visto. No es lo único que va a complicar a Newland en el libro, pero en esos lugares surge la riqueza del personaje y me gustó mucho cómo lo manejó Wharton. Hay muchos otros personajes que se destacan por estar de un lado o del otro, como Mrs. Welland y Beaufort, por evocar a dos  que serían el agua y el aceite. Y luego está May, la novia en cuestión, que provoca frialdad con su “no opinión” de los asuntos, las descripciones desfavorables de la narración y los pensamientos de Newland. Ella tampoco puede eludir los comentarios malintencionados de algunas personas, pero no despierta simpatía como para defenderla. Y al final, tienen un poco de razón. Lo único que pude admirar de ella fue su entereza.

Está bien narrado, con una voz cargada de flechas contra los “intachables” de New York y sus reglas ridículas que afectan la vestimenta, las visitas a las casas, la Ópera y hasta las bodas. Tanto en esta novela como en algunos cuentos que leí, Wharton apunta a temas de los cuales todavía no se hablaba demasiado o causaban cierta incomodidad, a pesar de situarse ya en el siglo XX. Aunque este libro no presenta ninguna resistencia en el estilo, particularmente me sentí perdida en los primeros capítulos que establecen las relaciones de parentesco de unos cuantos personajes. Como usan doble apellido, algunas parejas me hicieron una maraña en la cabeza, pero fue temporal (por suerte). Más allá de eso, La edad de la inocencia se deja leer y sorprende con escenas muy bonitas y memorables entre los protagonistas. El final es agridulce y esperaba que fuera así por el curso de los acontecimientos.

Disfruté mucho este libro y lo recomendaría a personas que estén enemistadas con el género romántico, como yo. Cuenta una historia de amor pero no la exprime y no la arruina con melodramas innecesarios y agregados de azúcar en proporciones temibles. Hay amor y pasión, pero no como uno se lo imagina al leer las contratapas de ciertos libros. Esto es más del estilo de Jane Austen, en donde un matrimonio que está por concertarse termina sacando a la luz otras cosas, como la hipocresía de ciertos personajes y los convencionalismos endebles. Wharton tiene un estilo propio, muy sencillo pero sin fisuras, y se vuelve una autora muy interesante para ver. No me había convencido con los cuentos, pero esta novela sacó a relucir lo mejor de ella, evidentemente.


miércoles, 24 de mayo de 2017

"Las hojas caídas", de Wilkie Collins



Título: Las hojas caídas

Título original: The Fallen Leaves

Autor: Wilkie Collins (1824- 1889)

Año de publicación: 1879

Traducción: Miguel Martínez- Lage

Calificación: 🌟🌟🌟

Y supe bien a qué se refería. Las personas que no han tenido ninguna suerte en la lotería de la vida, las personas que se han esforzado mucho por conquistar la felicidad y que no han cosechado más que disgustos y pesares; los que no tienen amigos, los solitarios, los heridos, los perdidos…


La primera vez que intenté leer este libro tuve problemas de aburrimiento y lo dejé. Me había desconcertado un discurso sobre los preceptos del socialismo cristiano con el cual el protagonista trataba de justificarse a sí mismo, de explicar su proceder. No tuve ganas de terminarlo en ese momento. Cuando volví a retomar Las hojas caídas hace poco, supuse que lo anterior era importante. La verdad es que no influyó demasiado en la trama y la comunidad a la que pertenecía tuvo alguna influencia en contadas ocasiones. Sumando las casualidades y los deus ex machina, me dio la sensación de estar leyendo a un Charles Dickens predecible con personajes que se ganan la empatía del lector con mucho esfuerzo.

La historia se trata del joven en cuestión, Amelius Goldenheart (el apellido no es casual), un inglés que vivía en Estados Unidos y que regresa a su país natal porque lo expulsaron momentáneamente de la comunidad en la que se había criado. Se situaba en Tadmor y reunía personas que adherían al socialismo cristiano. Amelius, tal como deslicé anteriormente, usa su educación como un escudo y en Londres la necesitará más que nunca. Por una recomendación termina conociendo a la familia Farnaby, a pesar de las advertencias de otro amigo. Amelius se va a meter en aprietos cuando la señora Farnaby le pida que busque a la hija que le arrebataron hace quince años, interfiriendo en la relación con su sobrina Regina.

Admito que la contratapa del libro tenía una sinopsis que me atrapó de inmediato (es la de la edición que marqué) y que luego fue decayendo frente a mis ojos. Lo que prometía ser una historia de un muchacho que luchaba contras las convenciones sociales del siglo XIX terminó siendo casi una telenovela de horario central en donde el protagonista está sujeto a las casualidades y a los giros imprevistos del destino. Imprevistos para él, porque para mí no hubo asombro. La sinopsis devela que Amelius se enamora de Regina pero incluso dentro del libro esto ya se anuncia a gritos. SPOILER Y luego, en el capítulo que abre con la introducción de Sally la Simple a la trama, no hay ningún indicio de querer apartar al lector de la idea de que esa chica es la hija perdida de Emma Farnaby. En conjunto con esta predicción, está el hecho de que Amelius empieza a confundirse y a preferir a Sally antes que a Regina. FIN DEL SPOILER Sé que Collins no es el único que echa mano al azar para hacer rodar los acontecimientos (Dickens hacía lo mismo, basta con leer el final de Oliver Twist para comprenderlo). Mi problema principal no pasa por allí: es la brusquedad, la escasa mediación entre la historia y el escritor para plasmar eso en el papel. No estoy diciendo que Collins escriba mal, si no que prescinde de “maquillar” a algunos personajes que deberían haber sostenido el suspenso durante más páginas. Me cuesta discernir si es una estrategia para que el lector ya conozca todas las cartas de antemano y se interese por lo inmediato o si a Collins le daba igual, a pesar de que su biografía me hace pensar que era un escritor atento a la recepción de sus libros. Sin embargo, atribuirle a un muchacho recién llegado una “misión” sólo porque alguien soñó con ello me parece absurdo, al igual que el enredo y la conspiración que se generan porque uno de los personajes estuvo en el lugar y en el momento apropiado.

Pero si la desventaja está en aquello que se adivina con facilidad, la ventaja reside en los personajes que se desarrollan paulatinamente y traen algunas sorpresas. No son altamente queribles, prefiero decir que son “respetables”. Amelius se presenta a sí mismo con una convicción religiosa, política y moral que parece incorruptible y apenas pisa Londres, se salpica de barro. La inocencia de la comunidad americana que lo acobijó se resquebraja y es ahí, en las fisuras, donde Amelius empieza a crecer. No hay ni un Consejo ni un Hermano Anciano a quien consultarle las decisiones o los reglamentos. En Londres depende de sí mismo, aunque muchas veces cuenta con la ayuda de Rufus, un norteamericano que conoce durante el viaje hacia Gran Bretaña. Rufus es la voz de la conciencia objetiva y oficia de mensajero en unas cuantas ocasiones. Me agradó porque ayuda a Amelius con desinterés y la relación va mutando a lo largo del libro. Y estoy muy de acuerdo con él en ese párrafo que añade a una carta (no voy a reproducirlo, obviamente). Luego están los villanos de turno, aquellos que no cambian nunca y dificultan la existencia del protagonista, como John Farnaby y Jervy. Son caricaturescos y se hacen odiar tanto que una los termina aplaudiendo. Los personajes femeninos no rompen el molde (tampoco esperaba que lo hicieran en esta novela tan predecible) pero están bien constituidos. Los hay en todos sus espectros: la enamorada no correspondida, la madre sufriente, la frívola que trata de convencerse a sí misma de que puede amar, la desafortunada en la vida. Las “hojas caídas”, en este libro, son mayoritariamente mujeres y hay una en particular que me causó exasperación. En el posfacio que agrega el traductor de esta edición, Collins manifestaba que  esa de la que hablo  no fue la favorita de los lectores. Él lo atribuía a un problema de prejuicios, pero yo me atrevo a contradecirlo desde otro siglo y sacando totalmente del juego a la condición de clase, que imagino que era lo que generó el revuelo en esos años. Lo que a mí me molestó de ella SPOILER  (Sally) FIN DEL SPOILER fue su animalización y el hincapié que pone en la belleza y la figura que van cambiando con la mejora de su salud, como si se estuviera transformando a propósito en un “partido” para el protagonista. SPOILER Sally pregunta siempre lo mismo (“¿he hecho algo malo?”, en todas  las variantes), se la trata como a una niña (por el supuesto retraso en la maduración de su carácter) y termina siendo el interés amoroso de Amelius. Claro, ¿quién otra podría haberlo liberado del compromiso con Regina, que era fuertemente resistido por los Farnaby? Ni siquiera sabe diferenciar entre el amor y el agradecimiento, pero no importa. A fin de cuentas, la señora Farnaby se suicidó y no se puede desarrollar ninguna relación entre madre e hija, destruyendo parte de la línea argumental del libro. FIN DEL SPOILER Me causó pena ver que crecía sólo para satisfacer a otro.

Lo anterior se relaciona también con el modo en que cada uno está regido por las obligaciones y costumbres de la sociedad que funciona como margen. En Las hojas caídas hay múltiples comparaciones entre el modo de vivir y de ser de los norteamericanos y el de los británicos. Puede que Collins estuviera destilando el veneno necesario para hacerle frente a una época que él mismo desafió (no sabía que era una especie de bígamo hasta que leí el posfacio). Supongo que a los lectores de ese momento no les habrá caído nada bien leer las opiniones que Amelius y Rufus emiten en contra de los ciudadanos. El mismo Amelius escribe cartas quejándose de la corrupción que ya mencioné (“tengo la impresión de que en Londres me vuelvo peor, más perverso”, dice), lejos de la pacífica Tadmor. Cualquier lugar se erige como uno en donde se puede comenzar una nueva vida o mantener la inocencia, como Nueva Zelanda o Estados Unidos. El amor al dinero pesa más que el amor entre personas y eso afectará a Amelius, que estará ceñido por las apariencias hasta cuando realiza un acto de caridad. Collins no pierde la ocasión para retratar los bajos fondos de la ciudad romantizando algunas de sus aristas. A Collins no le faltan palabras para describir (de hecho, su escritura va al hueso) y se vuelve minucioso y más poético en las partes que enfatiza. Están bien llevadas y algunas que pertenecen a momentos de quiebre SPOILER (como el reconocimiento de la hija o la detención de la señora Sowler) FIN DE SPOILER son memorables.

Las hojas caídas  es un salto a la obra de Collins que me falta leer. Estoy segura de que esa creatividad para elegir sus héroes y heroínas está mejor empleada en sus otros libros, en donde espero no cruzarme demasiado con el melodrama y los elementos sacados de una galera. Otra cosa que tiene a favor es que el libro entretiene y hace pasar las páginas como si nada, sin oponer resistencia. Por último, creo que es necesario decir que la historia termina con cabos sueltos porque el autor planeaba una continuación. Dejó borradores y no la concluyó debido a su fallecimiento. Tal vez suene muy hosca, pero la inexistencia de esa segunda parte no me quita el sueño. Me quedaré sin saber más de uno de los personajes que me interesaban SPOILER (Mellicent, la mujer que se enamoró de Amelius en Tadmor) FIN DE SPOILER, sí, y no lo lamento. Prefiero guardarme una buena impresión antes que desilusionarme definitivamente con otra novela llena de conflictos que se ven venir a la legua y diálogos azucarados.

martes, 16 de mayo de 2017

"Drácula", de Bram Stoker



Título: Drácula

Título original: Dracula

Autor: Bram Stoker (1847- 1912)

Año de publicación: 1897

Traducción: Dolores Aranguren 

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

Pues la vida, después de todo, es sólo una espera por alguna otra cosa además de lo que estamos haciendo; y la muerte es todo sobre lo que verdaderamente podemos depender.


No puedo calificar con menos estrellas a un libro que, además de ser entretenido y de tener los condimentos que se le piden, condensa muchas de las premisas del victorianismo y pinta al siglo XIX. Difícilmente pase inadvertido todo lo que hay detrás de la lucha entre el vampiro (el Mal) y un grupo de personas (el Bien) que se propone exterminarlo. Lo cierto es que Drácula no envejeció (chiste tonto) frente a mis ojos e incluso ahora, en la relectura, pude ver cosas que antes había ignorado por distintas razones. La reseña tiene un spoiler, pero está debidamente señalado y si quieren verlo sólo tienen que seleccionar el espacio en blanco que hay entre esas señales. 

El argumento es conocidísimo: un hombre viaja a Transilvania para cerrar la venta de unas  propiedades. Las cosas empiezan a salir mal desde el inicio, ya que Jonathan Harker encontrará en el camino indicios de la probabilidad de no volver del lugar hacia donde se dirige. Pero como son extranjeros supersticiosos (la itálica es mía), hará oídos sordos y el resto es historia. Se aloja en el castillo de Drácula y empiezan a suceder cosas tan aterradoras como que el anfitrión trepe paredes. Sep. Por otra parte, se abre una línea de la trama en donde la protagonista es Mina, la prometida de Jonathan, junto con su amiga Lucy.

Que sea una novela epistolar le da múltiples ventajas. El lector tiene todas las perspectivas en la mano y puede hacer lo que los personajes no pueden hasta la mitad de la novela: leer o escuchar lo que escribió o grabó el otro. Me interesó mucho cómo esta historia tan particular de terror se construye en base a los momentos de escritura ajenos (cartas, telegramas, diarios) y de la puesta en orden de los hechos. Además, es muy importante a la hora de la resolución del problema. También se logra que el estilo oscile entre lo cargado y lo sencillo, ya que hay una limitación en la elaboración de las frases de alguien que escribe un diario y en donde los acontecimientos requieren celeridad. Básicamente, estos personajes no se pueden sentar a reflexionar cada una de las palabras porque tienen a un vampiro amenazándolos detrás. Eso está muy bien manejado por parte de Stoker, que escribe de forma excelente pero no abruma. A veces se detiene particularmente en algunos asuntos (las explicaciones de Van Helsing son muy extensas, por ejemplo) y luego retoma el ritmo dinámico. Personalmente, me aburrí un poco con las indagaciones de Jonathan, que parecían un largo trámite lleno de papelerío.  

Me sorprendió darme cuenta en esta relectura que Drácula podría haber sido tranquilamente un comic. Tal vez suene desubicado, pero es lo que pienso. La idea de seis personas que se reúnen en privado para derrotar a un enemigo que planea algo malévolo (en este caso, diseminar su raza, y eso tiene connotaciones típicas del siglo… en esta materia recomiendo fervientemente El Horla, de Guy de Maupassant) se parece mucho a una historieta o película de superhéroes. Y creo que es por eso que me gusta más, porque es una novela que a finales del XIX muestra una premisa que se repetirá en el siglo siguiente. Con otros agregados, otros planteos, otras personas, pero lo hará. Esto que estoy elogiando no significa que el libro derroche acción o en algún momento a Harker se le ocurra confeccionarse un traje, no. El verdadero caos se produce hacia el final (un tanto precipitado, tengo que decirlo) y el resto consiste en el descubrimiento y conocimiento del enemigo. Drácula, al igual que varios villanos, también viene de otro lado, habla un idioma diferente y tiene características que a muchos les cuesta entender. También me desconcertó eso, de buena manera: la cantidad de poderes y habilidades de este temible vampiro. Es una criatura tan especial que los momentos de destrucción de un vampiro son los que más miedo dan durante la lectura, ya que implica una violencia muy explícita sobre los cuerpos. El hecho de ser un muerto vivo, aquello que no debería ser pero sigue caminando entre los que sí son, añade un plus al terror. 

Con respecto a los personajes, son variados y están muy bien armados. No quiero comentarlos uno por uno porque no sé hasta qué punto hacerlo daría pie a un spoiler pero me conformaré con decir que, a pesar de todo el discurso en donde ellos se perciben como “ministros de la voluntad de Dios” cuya finalidad en la Tierra es acabar con el mal que podría extenderse por Gran Bretaña y luego infectar el mundo, los protagonistas triunfan al llevarse la simpatía del lector. O la mía, al menos. Jonathan, Mina, Arthur… Todos tienen sus personalidades distintivas y convergen al aparecer una meta en común, ya que las personas a las que Drácula perjudica son sus seres queridos. Creo que ahí está la clave de la simpatía: ellos toman al peligro en serio y deciden hacerse cargo de ese ser extraño que afectó la normalidad de sus vidas. Jonathan vuelve del viaje y no se queda sentado en su casa, Mina no se cruza de brazos ante el sufrimiento ajeno, Van Helsing se pone al hombro un problema que ni siquiera era suyo. Algunos, como Seward, representan el lado escéptico de la ciencia (y del siglo XIX) y está muy bien que ofrezca resistencia. El único personaje que no terminó de convencerme fue Renfield: sus apariciones siempre despertaban mi atención pero no encontré una funcionalidad fuerte en la trama, más allá de que desliza la razón de ser de Drácula. El vampiro, por su parte, no aparece demasiado pero cada vez que lo hace se roba la escena, por así decirlo. Lo que no me gustó es que se pusiera a explicar sus motivaciones y planes cada vez que lo hacía (o quizá yo esté bastante harta del mansplaining en general). Algo que casi olvido mencionar: hay comentarios y opiniones de los personajes principales que me cayeron pesadas (igual son disparadores de análisis, no me puedo quejar tanto) porque se ponen en una posición cuestionable de superioridad mental y económica. En ciertos momentos dependen de trabajadores de distinta índole y no les hacen un retrato muy favorable. Pasa algo similar con los extranjeros.  

Mención aparte merece la cuestión de las mujeres en esta novela. No me extenderé en esto porque sé que soy insoportable y hay cosas que, obviamente, prefiero reservarme para mis trabajos, pero es saludable ponerlo en la mesa. Me hice muchas preguntas mientras leía. En varias ocasiones se comparan a las tres vampiresas de Drácula con Mina o con Lucy y las primeras salen perdiendo a los ojos ajenos (tanto de hombres como mujeres). Y, al mismo tiempo, ninguno de los hombres (Van Helsing en particular) deja de mencionar que Mina y Lucy son hermosas. Entonces, ¿la belleza causa pánico si viene de una “pecadora” (cargada de erotismo, para colmo) pero es loable si la mujer es “pura”, preferiblemente devota? ¿Van Helsing y sus amigos hubieran decidido ayudar a Lucy si ella no hubiera sido bonita, condición que se repite en el texto hasta el hartazgo? ¿Por qué la gente se sorprende de la inteligencia de Mina? Cuando los protagonistas deciden encargarse de Drácula sin involucrarla, el recato victoriano sale a luz. Las excusas son demasiado ridículas y sexistas para la gente de este siglo (yo me reí en voz alta mientras las leía), pero esconden todo un aparato de convenciones sociales y creencias. Ni siquiera los hombres se escapan de ellas cuando se resalta la fuerza y la valentía de los mismos (en el episodio de las transfusiones de sangre, por ejemplo), como si fueran características obligatorias y que excluyen, por supuesto, los momentos de llanto. Lo bueno es que Stoker destraba esos lineamientos con acciones que me sorprendieron gratamente. SPOILER Arthur casi se desploma del dolor y no por eso se reduce su importancia en la consideración del lector, así como también Mina termina siendo irremplazable en la resolución de la ruta de Drácula. FIN DEL SPOILER

Por estas razones y muchas más Drácula no pasa de moda aunque los vampiros sí lo hagan, refiriéndome un poco a las infinitas y casi constantes reversiones que se realizan de este mito. Podrán cambiarles la dieta, volverlos más amables o atractivos (Drácula no lo es, por cierto), pero siguen siendo una fuente de terror gracias a que al menos sobrevive la idea de la alimentación con sangre, de la transformación y corrupción del cuerpo, de la extinción de la vida misma. Si bien Stoker no fue el primero en tratar el vampirismo, no se le puede negar que le dio un nivel supremo, organizando una historia detectivesca de a ratos y, fundamentalmente, de miedo. Es curioso: la novela es tan eterna como su personaje. Lo tiene merecido. 

Libros similares: 

El vampiro, John Polidori
Carmilla, Joseph Sheridan Le Fanu
Dracula' s Guest, Bram Stoker (es un capítulo de Drácula que fue eliminado)

martes, 9 de mayo de 2017

Bienvenidos a "Clásico desorden"

De ahora en adelante este es mi espacio personal para compartir reseñas de libros y demás desvaríos. Como se habrán dado cuenta por el título, mis lecturas preferidas se orientan a los clásicos. Sin embargo, cuando encuentro algo interesante entre los libros juveniles e infantiles (además, algunos de estos también son clásicos) no dudo en leerlos. Mi objetivo es hablar de lo que me gusta. No vengo a dar clases de Literatura y me aplazaron en la materia Pedantería, así que están avisados.
El sistema de calificación no es ninguna ciencia y está un poco más detallado en "Acerca de":


malo 🌟
regular 🌟🌟
bueno 🌟🌟🌟
muy bueno 🌟🌟🌟🌟
excelente 🌟🌟🌟🌟🌟


Uso las estrellas porque hay muchos libros que ya califiqué en Goodreads y para recordar cómo había puntuado me guío por eso. Además, las estrellas son simpáticas. Soy reacia a etiquetar un libro con una calificación, a pesar de que ya me acostumbré: a veces la sensación que pueden dejar es muy gris. Por eso mismo mis reseñas intentan justificar la puntuación y algunas me quedan un poco largas. En fin, pasen y lean si así lo desean.