martes, 15 de agosto de 2017

Libros y autores que me aterran

Me puse a pensar en todos esos libros que esperan en mi biblioteca a que los agarre de una vez y los lea. Entre los que compro como si necesitara juntar provisiones para el día en que la Tierra se cubra completamente de nieve, se encuentran (o no, si es que todavía no los adquirí) los que me causan pavor. No tiene ninguna relación con el género de terror, si no que se trata del miedo que dan algunos clásicos que se consideran muy pesados o difíciles de entender.


Esa soy yo viendo la pila de libros 

Títulos como La Divina Comedia, de Dante Alighieri, o Ilíada, de Homero, tienen ese cartel de advertencia implícito que dice “CUIDADO” y me he hecho la valiente con unos cuantos de ellos (gracias a la carrera, je), pero luego están los que todavía no enfrenté o ya abrí y huí despavorida por X motivo. Esta es una lista justificada de libros que todavía no me animo a leer.    

Rayuela, de Julio Cortázar

Acá hay un problema desde el vamos, que parafrasearía como “desde el gusto”. No me llevo bien con Cortázar. He leído dos libros de cuentos, tengo El libro de Manuel por la mitad y nunca pasa de las tres estrellas de calificación simplemente porque no lo siento. Rayuela, por lo tanto, tiene la desgracia de estar a la sombra de mi disgusto. Tal vez no se la merezca. Le temo porque sé que es difícil, sé que necesita atención y una buena predisposición para jugar con el libro, pero dudo que esté preparada para ello. Probablemente, cuando empiece a leerlo lo abandone muchas veces. Puede que no. Ojalá que cuando me anime a leerlo las experiencias anteriores no jueguen en mi contra. 



Ulises, de James Joyce

Joyce, Joyce… ¿Qué hiciste? Para empezar, antes de leer Ulises se necesita un bagaje literario y cultural amplio. Este libro es la Odisea dublinesa y sí, hay que leer antes el libro de Homero, además de Retrato del artista adolescente, del mismo Joyce (uno de los personajes vuelve a aparecer en Ulises), entre otros. Recuerdo que lo empecé dos veces y llegué a las cien páginas. Entre los diversos motivos por los cuales lo dejé, el miedo está presente: no me sentía preparada para afrontar el resto del libro. En todos los capítulos tenía la sensación de haber perdido algo en el camino y me costaba desandarlo (es casi un arte). Está compuesto de referencias a otros libros y, tal vez, me convenga leerlo dentro de cincuenta años 😓 



Por el camino de Swann, de Marcel Proust

Creo que el miedo a este libro me lo infundió, sin darse cuenta, la facultad. Leí varios artículos sobre él o que lo mencionaban como ejemplo de algo, así que no debería temerle, ¿no? Tal vez por la extensión de la obra o por la profundidad que tiene, aún no me animé a leerlo. Es el primer libro de En busca del tiempo perdido y son siete partes en total. Veré si algún día me convenzo y lo leo cruzando los dedos para que me guste y consiga todos los demás libros ¿A favor? Dicen que es muy interesante y que está muy bueno. No he encontrado tantas malas críticas hacia este autor, además. Estuve husmeando el principio y está escrito de forma impecable. 




Guerra y paz, de Lev Tolstoi 

Otro ladrillo al que miro de lejos y lo saludo rápido, como si no quisiera que se pare a conversar conmigo. Tiene críticas de todo tipo, lo cual es alentador, porque podrían ser todas negativas y eso sería el fin. Una vez abrí un ejemplar en una librería y pasé páginas y páginas de descripciones que casi me comen viva. No me lo llevé (era muy chica y sabía que todavía no podría afrontar esas partes) y hasta el día de hoy no está en mi biblioteca. Ahora es el libro al que menos miedo le tengo, ya que conozco más a Tolstoi. Seguramente lo ponga en las prioridades después de Ana Karenina.  



Facundo, de Domingo F. Sarmiento

Le tengo terror… a que me aburra. Ya leí Recuerdos de provincia del mismo autor y no me gustó para nada. No lo quiero leer porque me atraiga específicamente. Siendo honesta, debo conocer este libro por la carrera y porque soy argentina. Este es un libro extenso que narra la historia del caudillo Juan Facundo Quiroga en las turbulentas décadas que siguieron a la independencia de mi país, en el siglo XIX. La parte política y cultural que se desarrolla me interesa (además del establecimiento del par “civilización y barbarie”), no lo niego, pero calculo que me va a costar. 





Así que estos son los clásicos que pospongo por culpa de mis propias inseguridades (en el caso de Ulises) o por experiencias previas que no son gratas (como el caso de Cortázar). Sé que la opción cómoda es no leerlos nunca y ya, problema resuelto. Por la importancia de estos títulos, dudo que pueda descartarlos definitivamente. A pesar de que algunos me den más ganas de leerlos que otros, nunca los saqué de mis prioridades y planeo ir borrándolos de la lista mental a medida que los termine. Lo importante es no dejar a un lado el placer de leer sólo porque sean indispensables. Confío en que, cuando los empiece, el miedo se evapore.

viernes, 4 de agosto de 2017

"Orgullo y prejuicio", de Jane Austen

Título: Orgullo y prejuicio

Título original: Pride and Prejudice

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1813

Calificación: 🌟🌟🌟🌟


Cuanto más conozco el mundo más me enoja, y todos los días confirmo mi creencia en la inconstancia de los caracteres humanos y en lo poco que se puede fiar de las apariencias de mérito o de talento.



Se hace difícil reseñar un clásico del cual ya está (casi) todo dicho, así que me voy a concentrar en mi opinión y no tanto en los elementos que describen al libro. Es, como la mayoría de los trabajos de Austen, una historia que se puede amar completamente por el desarrollo de los acontecimientos o vilipendiar porque los protagonistas carecen de sensualidad, cosa que lo hace aburrido para estos tiempos (o los lectores acostumbrados a estos tiempos). Sin embargo, creo que el problema pasa por la mala fama que le han hecho a Orgullo y prejuicio como un libro romántico en una época donde la definición del género está llena de contradicciones. Digo “mala fama” no porque un libro romántico sea de cuarta categoría (a pesar de que algunos lo son), sino porque me parece erróneo adjudicárselo a OyP con tanta soltura. Esta relectura abrió líneas de lectura que no había explorado y reafirmó que el objetivo principal de Austen era el de mostrar las ridiculeces que soportaba en esos años, usando como excusa la concertación de uno o varios matrimonios. Ese abanico que despliega en OyP lo vuelve más complicado, menos empalagoso y me sugiere por qué Austen nunca se casó, dejando a un lado que pueda confesarlo en alguna carta que todavía  no leí. No la culpo. 

Orgullo y prejuicio cuenta la historia de la familia Bennet, residentes de Longbourn, que está compuesta por padre, madre y cinco hijas mujeres (de mayor a menor): Jane, Elizabeth (Lizzy), Mary, Catherine y Lydia. Debido a que las mujeres no pueden heredar propiedades y a la muerte del señor Bennet la casa se legaría a un pariente varón, la madre de las muchachas no piensa en otra cosa que en acomodarlas mediante matrimonios ventajosos. Así que, cuando Charles Bingley, un hombre muy acaudalado, se muda cerca de los Bennet, la noticia de su soltería pone en alerta los instintos casamenteros de la señora de Longbourn. Ahí empieza la historia. Bingley tomará partido por Jane y, a la vez, este tiene un amigo medio gruñón que será importante en la trama: Fitzwilliam Darcy. 

La novela transcurre entre bailes, visitas, cartas, chismes y comparaciones entre la ciudad y el campo. Eso está garantizado por Austen. Noté que en esta ocasión los sucesos se me hicieron más fluidos y, comparándolos con otros libros de la misma autora, hasta fueron más agradables. De acuerdo a mi punto de vista, OyP está trabajado lo justo y necesario y goza de más libertad narrativa que Emma, por ejemplo. Hasta los personajes se sienten menos encorsetados en sus papeles y resultan más simpáticos, incluso si no lo son (estoy mirando a Collins de reojo, aunque admito que aporta la dosis de humor). El inicio se mete de lleno con el conflicto principal, es decir, la llegada de Bingley y su amigo Darcy, así que no introduce con lentitud. Eso me provocó dudas porque me daba la sensación de estar ante un libro troceado (hay cuestiones, como la relación entre el señor y la señora Bennet o las personalidades de las hermanas, que se hacen esperar), de esos en donde la información aparece mágicamente cuando la trama lo requiere, pero a la vez no. En la balanza pesó más la idea de que OyP es una novela que se desenvuelve sin la obligación de retratar todo en diez largas páginas sólo para que el lector pueda recorrer el resto sin sobresaltos. Me gustó que se tome el tiempo. 

Si no mencioné antes a Lizzy fue porque ella merecía su párrafo aparte. Es la verdadera protagonista de la historia ya que la mayoría de la narración se concentra en sus pensamientos y en su perspectiva. Lizzy odiará a Darcy por su porte reservado y orgulloso, sin olvidar que dice algo antipático sobre ella cuando la conoce. Y Darcy, por su parte, se mantiene distante de esa muchacha tan vivaz y contestadora. Me atrevo a decir que ella es una heroína bastante rara para la época. O, tal vez, yo me haya topado con pocas mujeres en la literatura de principios del siglo XIX que razonen tanto y tengan la capacidad de decidir qué hacer con sus vidas… a pesar de que las madres sean manojos de nervios andantes que las exponen como adornos en subasta. Al leer las salvajadas que exclama la señora Bennet (porque no habla, grita), toma sentido. De vuelta a Lizzy, me parece que le hace honor al pedestal de personajes literarios en donde está ubicada. Se avergüenza de la familia, se pasa de prejuiciosa, le cuesta pensar bien de la gente y está lejos de ser una sabelotodo. Austen nunca la presenta como un modelo a seguir, si no como un ser humano con errores y aciertos que busca desesperadamente la normalidad en un entorno que dedica horas y horas a hablar del matrimonio, la renta anual de X, vestidos y la vida de los vecinos, incluso en los momentos más delicados. Lizzy podría ser tranquilamente una mujer de este siglo atrapada en costumbres que hasta ella misma acepta, como el hecho de que una persona de rango inferior no pueda hablarle primero a una de rango superior y deba ser al revés. 

Me sorprendió encontrar (evidentemente, lo había olvidado) una descripción detallada de la indiferencia del señor Bennet hacia su esposa. En sus intercambios de opiniones se nota que a Bennet le importa un comino lo que le suceda a la señora, pero no había esperado que Austen le dedicara tiempo a ese matrimonio y que Lizzy fuera la que da la puntada final, en donde muestra su desilusión. Son párrafos agridulces y profundizan el comportamiento de Bennet en la novela. El “patriarca” de la casa pasa horas en la biblioteca e interviene para decidir… hasta que su voz se apaga. Los bocadillos que mete el señor Bennet se cuentan con los dedos y, a pesar de su hilaridad, transmiten la sensación de que él preferiría estar en cualquier otro lugar menos en esa casa llena de mujeres. En la primera lectura del libro lo vi con ojos más inocentes, pero ahora cambió un poco mi perspectiva. Con respecto a su esposa, sobrepasa los límites de mi paciencia si ignoro que se casó con el hombre equivocado. Me enoja que sólo piense en ganar esa carrera absurda que disputa con sus vecinas: “a ver quién establece a las mujeres primero”. Tiremos a nuestras hijas a los lobos con tal de que una alianza y una renta (de ambas partes) permitan su supervivencia, ya que si quedasen solteras traerían desgracias. Generalizo y uso “lobos” porque estas señoras que ofician de Cupido priorizan los ingresos del hombre, no la reputación. Ellos también sufren las presiones. SPOILER Basta con recordar a Catherine de Bourgh insistiendo en que Darcy debía casarse con su hija o a Bingley siendo persuadido por sus hermanas y el propio Darcy para que olvide a Jane. FIN DEL SPOILER  

No puedo omitir el tema de la relación amorosa entre los protagonistas, más allá de que sea muy común hablar de ello. Me encanta la forma paulatina SPOILER (bueno, a Darcy le costó menos enamorarse) FIN DEL SPOILER en la que estos dos tercos van cambiando los sentimientos desdeñosos por unos más positivos. En mis escenas favoritas siempre están ellos dos porque sus diálogos son chispeantes, incluso cuando pelean. Darcy trae polémica a la hora de opinar sobre él por las actitudes en las primeras páginas, pero creo que compensa las faltas en el carácter con lo que hace por Lizzy. Es más humano que sea imperfecto y no un depósito de cualidades que en la vida real brillan por su ausencia. 

Sostengo (no reseñé la primera lectura pero recuerdo qué me había faltado para las cinco estrellas) que el desenlace de la historia me pareció apresurado. En las últimas veinte páginas convergen todos los conflictos y se resuelven para que después Austen explique, en escasos párrafos, el destino de cada personaje. He observado este problema en otros libros de la autora y el más reciente fue Emma.  Particularmente, me hubiera encantado saber más de Mary, un personaje que se mueve como una sombra y es censurada cuando aparece. Una cuestión nueva que advertí fue que Bingley tiene poca participación y me dejó con ganas de conocerlo más. Aparece bastante al inicio y después la narración se limita a proporcionar información sobre su accionar, sin ahondar en el momento clave que le corresponde. Creo que se lo pinta mejor a Collins con las cartas larguísimas que escribe y su charlatanería pomposa. Estas cosas que señalo no desmitifican a Austen (para mí sigue siendo prácticamente indiscutible), sino que, a mis ojos, permiten considerar cuál de sus obras se acerca a la perfección, si eso existe. El hecho de que pueda aburrir o no pertenece al campo de la percepción del lector. Este libro me pareció muy dinámico aunque eso no justifique el final a las corridas, claro está.

Orgullo y prejuicio vale la pena el esfuerzo. No es un libro para todos (no existe el libro “para todos”, según mi criterio), pero al menos se puede utilizar para probar si Jane Austen se convierte en una escritora favorita o en una que conviene ignorar, pensando en una generación de lectores que probablemente la conozca más por las adaptaciones cinematográficas que por las novelas en sí. Como dato curioso, a Austen la descubrí así, porque la escuela nunca la mencionó y, en mi carrera, la pasan olímpicamente por alto. Algo me dice que su género y la asociación con libros dedicados a un público netamente femenino incentivan el olvido. Me causa extrañeza porque a las hermanas Brontë * se las podría acusar de lo mismo y, sin embargo, obtienen más reconocimiento. Supongo que forma parte de las numerosas incongruencias de este mundo tan grande llamado “literatura”.  Después de este lloriqueo lector- académico que solté, sólo me resta decir que adoro este libro y no hay argumento o desconsideración que me importe a la hora de hacerlo.    


(*) No tengo ningún problema con las Brontë (todo lo contrario), sólo las usé como ejemplo por los contrastes con el tratamiento que se le da a Jane Austen.

viernes, 28 de julio de 2017

"Embrujo", de Rachel Hawkins (Hex Hall #3)

Título: Embrujo

Título original: Spell Bound 

Serie: Hex Hall #3

Autor: Rachel Hawkins (1979)

Año de publicación: 2012

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Composición de la serie:
1) Condena
2) Desafío
3) Embrujo

Spin off:
School Spirits


Aviso: la reseña puede ser un spoiler entero si no leyeron los libros anteriores. Los de este libro en particular están ocultos



Tres estrellas y una lágrima por el final. Honestamente, la pasé muy bien leyendo esta trilogía. Me entretuvo, incluso con sus fallas y la poca seriedad que a veces se le da a los asuntos por culpa de Sophie. Nada que merezca un repudio público o algo así, por supuesto. 

Sophie ahora está en casa de las Brannick, por consejo de Cal, y sin poderes. El motivo fue predecible desde el final del libro anterior, pero tiene algunas vueltas de tuerca que contribuyen a que no todo sea como lo imaginamos. No se sabe qué sucedió con sus amigos y con su padre, así que de alguna forma Sophie tendrá que empezar a planear qué hacer con el desastre que dejaron ese par de malditas (esquivo spoiler). 

Empiezo por lo negativo así liquido rápido la parte desagradable de toda reseña. Los personajes nuevos SPOILER (las Brannick en general) FIN DEL SPOILER no me gustaron. Son irritantes, sosos y no traen nada nuevo a la historia, salvo su propio modo de vida. El cambio (parcial, no total) de locación tampoco me pareció la gran cosa y, tal como venía sucediéndome desde el libro anterior, las descripciones siguen siendo convenientemente imprecisas. En definitiva, es una historia de personajes, magia y traumas (y eso está bien), pero a Hawkins le falta consolidar el suelo en donde pisan. 

En este libro sentí algo muy molesto: que había situaciones que se podían resolver de otra manera o que se estaban encarando desde el punto equivocado. Tal vez yo sea quisquillosa (OK, lo soy), pero eso le quita fuerza a lo que está pasando y a todos los planes que se arman para subsanar X problema. 

La parte linda de la reseña la reservo con el fin de elogiar las escenas que me dieron escalofríos y que son, obviamente, las que se meten con el lado oscuro de la magia. Y hablando del lado oscuro…

-[…] Ahora mismo la situación está estancada, pero se avecina algo, siento una…
-¿”Una gran perturbación en la Fuerza”?- lo interrumpí, sin poder evitarlo. 

Referencias como la anterior constituyen el humor de Sophie y no quería dejarlas pasar (porque se me antoja y ya, pero también porque tiene sus conexiones). Si bien a veces resulta superficial (lo he observado en el segundo libro y, como ya dije, saltea descripciones), puede actuar como un modo de descomprimir el horror de fondo. Básicamente, el uso de demonios adolescentes como armas de destrucción masiva da escalofríos y hasta podría tener algunas reminiscencias de la realidad. Lo mismo sucede con el poder (¿es blanco o negro?) y se deja una buena enseñanza al respecto. 

Las explicaciones que se buscan desde el principio de la saga se dan, a pesar de que algunas sean incompletas a propósito. Quedaron algunos cabos sueltos que podrían servir para un spin off que, efectivamente, existe. Me hicieron acordar al final de Vampire Academy, más preparado para continuar que para cerrar la historia. Lo cierto es que son razones sencillas, sin pretensiones y acordes a la presión de “hay que hacer algo rápido, hablemos luego”. Y el final-final me dejó descorazonada. Sabía que eso pasaría desde que terminé Desafío, pero se detalló de una manera tan triste que pensé que nunca lo predije. 

Así que Hex Hall me gustó mucho en su conjunto y estoy contenta. Es reconfortante saber que voy a poder acordarme de sus personajes y de la historia. Por más que no sea de dificultad cien sobre cien, intriga. En caso contrario, lo peor que le puede pasar al lector que no se enganche es leer tres libros, pero hey... al menos no son diez. 

martes, 18 de julio de 2017

"Emma", de Jane Austen

Título: Emma

Título original: Emma

Autor: Jane Austen (1775- 1817)

Año de publicación: 1815

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

[...] pero yo nunca me he enamorado; no va con mi manera de ser o con mi carácter, y creo que nunca me enamoraré. 





Me encanta Jane Austen y hoy se cumple otro aniversario de su fallecimiento. Este mes estoy releyendo Orgullo y prejuicio, el primer libro que leí de esta autora, y encontré que había cosas que había olvidado completamente o pasado por alto. Sé que hay mil maneras más creativas de recordar a Austen (y que otros prefieren olvidarla, ya que es una autora tan amada como odiada), pero me contento con subir la reseña de uno de los libros que más me gustaron de ella.




Gracias, Jane Austen, por no decepcionarme aún. Se nota que este lo escribió durante la madurez, porque ni Sensatez y sentimientos ni Orgullo y prejuicio tienen una trama que se asemeja a la de este y a la vez es más compleja. Uno de los motivos puede llegar a ser una protagonista que no lleva un cartel pidiendo que el lector la quiera (salvo en ocasiones puntuales) y muchos personajes que dan falsas impresiones. No pueden faltar las descripciones de los entretenimientos de zonas rurales y la fina ironía que utiliza Austen para quejarse de la sociedad. Podría haber sido perfecto pero, sobre el final (y trataré de justificarlo sin spoilers más adelante), se cortan hilos sin ninguna delicadeza y los acontecimientos se precipitan mucho. Contrastando esto con la lentitud del principio, no puedo pasarlo por alto. 

Como siempre, la corrección de la sinopsis de la edición que leí (la de la foto, también marcada en Goodreads): Emma no se muda a Hartfield porque ella ya vive allí. No está aburrida y Knightley no debería aparecer de golpe en el párrafo. En resumidas cuentas, Emma Woodhouse es una señorita de veintiún años, vive con su padre y ambos pertenecen a la buena sociedad de Highbury. La que se muda es la institutriz, Anne Weston, porque se casa. El matrimonio estuvo casi arreglado por Emma, ya que tiene como pasatiempo armar parejas y predecir una boda para los novios. Esto le va a traer problemas cuando intente hacer lo mismo con Harriet Smith, una amiga de condición social inferior. 

Después del insoportable párrafo que cuenta el argumento, los elogios: me encanta Emma como protagonista y creo que es una de las mejores de las novelas de Jane Austen (me falta leer Mansfield Park, para tener una idea acabada). Es egoísta, juzga a los demás por su clase social, cree que es la titiritera de la gente que la rodea y sólo tiene a George Knightley para que la enderece un poco en sus acciones. No quiere casarse y analiza punto por punto las situaciones que vive. No se la puede apreciar apenas empieza el libro porque la actitud molesta, es cierto, pero no se puede sacar a Emma de su contexto. Vive en una época en donde las personas eran definidas por sus posesiones y su renta anual, así que ella hace lo mismo porque, en realidad, no es tan inteligente como la pintan. Su poder de observación no es infalible y, por supuesto, no hay párrafos en donde filosofe sobre la vida o la economía de Gran Bretaña. Su inteligencia está basada en lo que se consideraba así en ese siglo para las mujeres. Obviamente, a los hombres se los medía con otros parámetros y tal vez por eso Emma toca una fibra sensible y Frank Churchill o Elton, que son más insoportables que ella SPOILER (y no, para mí el final no lo redime), FIN DEL SPOILER no lo hacen. Así que no hemos cambiado. Lo importante es que Emma va suavizando las opiniones y las actitudes a medida que se mete en problemas porque, a fin de cuentas, tiene capacidad de autocrítica. Me hubiera gustado que midiera las consecuencias de sus actos antes de ejecutarlos, ya que era tan lista. 

Hay otros que merecen que se los mencione porque completan el universo Austen. Knightley, Harriet y Augusta son tres muestras de distintos tipos de personas que se encuentran a menudo en estas novelas, pero tienen características que los diferencian del resto. Knightley tiene todo y no presume, Harriet no tiene nada y no le importa y Augusta tiene todo y lo refriega en cualquier rostro que se le cruce. Creo que Austen trabaja muy bien con estos tres y los desarrolla para que queden como ejemplo de esa sociedad que ella tanto miraba de reojo (el tratamiento era mutuo, me atrevo a decir). Luego está el padre de Emma, siempre listo para aportar la cuota de humor con su excesiva preocupación médica y climática. Todos son muy sinceros y algunas frases son difíciles de digerir desde la perspectiva de un siglo más benevolente, aunque sobrevivan los hipócritas. 

El puntapié inicial de la historia se da cuando Emma desea que Harriet, en detrimento de un hombre humilde que ama, se case con el señor Elton, quien la haría ascender socialmente. Harriet es una especie de proyecto de Emma y, a pesar de la manipulación a la que la pobre chica se somete sin ofrecer resistencia, la amistad entre ellas llega a ser importante en la trama. A partir de allí, se suceden los equívocos que no pueden faltar en las novelas de Austen, las palabras mal interpretadas, los temperamentos poco sondeados. Hay bailes, visitas y excursiones (otra cosa no se puede hacer, ya que no están en Londres) que sirven de marco para estos sucesos. Están bien armados y no detecté muchas conversaciones innecesarias, salvo las de la señorita Bates porque lo requería su personaje. Siempre está la sensación de que dan demasiadas vueltas para decir algo simple, pero se puede superar. La narración es afilada y se me hizo más llevadera y sensible que la de otras novelas de Austen (como Sensatez y sentimientos, por ejemplo). Básicamente, todo esto bien. Sin embargo, porque nada existe sin un “sin embargo”, la resolución del final me pareció precipitada. Creo que es uno de los pequeños defectos de la escritora: en las últimas treinta páginas se revelan cosas que se pueden sospechar desde el principio y, aunque causan enternecimiento, producen efecto de choque. O de incomodidad, al menos. SPOILER De repente, Harriet desaparece de la vida de Emma después de la confesión y hay un corte brusco en las relaciones, a pesar de que pase el tiempo. Me decepcionó que Emma se casara y tirara por la borda sus convicciones, pero bueno... Si se enamoró no la culpo. FIN DEL SPOILER Los cabos sueltos se dejan así como están y no pude atisbar un esfuerzo por terminarlos de buena manera. 

Con Emma queda reforzada la idea de que hay elementos que no se pueden juntar sólo porque se le ocurre a una sola persona sin tener en cuenta los sentimientos de la otra. Aun así, predomina (guste o no guste) la conveniencia por sobre los sentimientos. Austen no ofrece muchas salidas a esto: si alguien ama a una persona de baja condición, entonces las amistades y el trato hacia ella cambiará de acuerdo a cuántos escalones baje. Si los sube, obviamente, tendrá más beneficios. Y esta novela lo aclara y lo explica con lujos de detalles, además de cierta insistencia. Allí está la habilidad de Austen. Puede llegar a ser muy instructiva… y muy convincente. 

Emma se toma o se deja. A pesar de que el inicio del libro no tenga un brillo que invite a seguir leyendo, lo bueno empieza a surgir a los pocos capítulos. Ya no se vuelve tan largo y los personajes adquieren forma junto con la trama. Reconozco que Emma no es la protagonista más simpática del mundo y le falta mucho para ser Lizzy Bennet, pero tampoco encuentro razones para odiarla fervorosamente. El libro en sí mismo me pareció uno de los mejores de la autora (siempre me quedará la duda sobre lo genial que hubiera sido Sanditon) y lo recomendaría para lectores pacientes que no le teman a personajes no muy heroicos. 

viernes, 7 de julio de 2017

"Desafío", de Rachel Hawkins (Hex Hall #2)

Título: Desafío

Título original: Demonglass

Serie: Hex Hall #2

Autor: Rachel Hawkins (1979)

Año de publicación: 2011

Calificación: 🌟🌟🌟🌟

Composición de la serie:
1) Condena
2) Desafío 
3) Embrujo

Spin off (hay que leerlo después del último):
School Spirits (ficha de Goodreads por acá)

Aviso: cierta información puede ser un spoiler para los que no leyeron el libro anterior




Es un milagro: leí dos libros de una misma saga. Hex Hall empezó medio tambaleante, con bailes acaramelados y corazones rosas flotando en el aire, pero ahora la trama compleja (es decir, la de los demonios, sus invocaciones y los enemigos de los Prodigium) es la que toma las riendas. Fue una buena movida de Hawkins, así como también estuvo bueno que cambiara el lugar de la acción.

No repondré mucho argumento porque creo que la sinopsis de esta edición (la pueden encontrar por acá) ya lo resume bien, aunque creo que también da información que no deberíamos saber desde que empezamos a leer. Lo importante es que Sophie va a pasar las vacaciones con su padre en Londres y conocerá al Concilio, antes de someterse (o no) a la Extracción. Obviamente, esto le causa dilemas porque sabe que Archer, el enemigo más chechi (?) del universo Prodigium, anda merodeando por ahí.

¿Cuáles son los puntos a favor? La trama ya no es tan simple y los personajes la acompañan en esa evolución. Los que ya conocemos salen (lentamente, pero lo hacen) del irritante estereotipo y presentan algunos giros muy interesantes, sobre todo en el final. Los nuevos (como el padre de Sophie y los miembros del Concilio) le aportan aire fresco porque, al menos, no se rozan con personajes de otras sagas. Hay temas lo suficientemente rebuscados como para que un libro juvenil no sea simplemente la copia de otro. La creación de demonios es cosa seria, sobre todo porque ni siquiera dentro de ese mundo son bienvenidos, debido a su inestabilidad. Y vaya que habrá muestra de eso en este libro… No puedo olvidarme de mencionar que me pareció que Desafío (nada que ver con el título original) estaba mejor escrito que el anterior, aunque con algunas falencias.

Le falta una estrella porque, hablando de falencias, las descripciones de las locaciones no me gustaron. Lo único que entendí es que todo era enorme y lujoso: el jarrón de acá es más grande, más bonito y más elegante que el de allá. Al usarse la primera persona, hay muchas partes como esas (además de las situaciones) en que se imprime el humor de Sophie y llega a sonar o muy cansino o muy superficial. No estoy diciendo que siempre sea así porque, de hecho, Sophie se vuelve mejor narradora (y, por ende, mejor personaje) en este libro. SPOILER Tampoco me gustó que haya trazos finos de un triángulo amoroso. A pesar de que Sophie no da signos de estar insegura, la forma en que irrumpe Cal en varias ocasiones me da la sensación de que algo va a pasar en el próximo. La escena de Sophie, Cal y Archer en el molino me hizo acordar a la escena de la carpa en Eclipse ¿Por qué el trío del amor siempre queda encerrado en algún lugar por el bien de la chica? Argh. FIN DEL SPOILER

En fin, la pasé muy bien leyendo Desafío, a tal punto que no demoré casi nada en terminarlo. El final está muy bueno y te obliga sin compasión a buscar el tercero para comenzarlo.



martes, 27 de junio de 2017

"El ancho mar de los Sargazos", de Jean Rhys

Título: El ancho mar de los Sargazos

Título original: Wide Sargasso Sea

Autor: Jean Rhys (1890- 1979)

Año de publicación: 1966

Calificación: 🌟🌟🌟



Conocí ese momento del día en que el cielo puede parecer muy negro, aunque esté azul y haga calor. 





He comprobado que las relecturas sanan. Me refiero al efecto que tienen en la relación lector- libro. La primera vez que leí esta novela (la abreviaré WSS, con las iniciales del nombre original) no me provocó asombro. A pesar de que hice un trabajo con ella, no me sentí comprometida con la obra y fue frustrante. Se mete con algunas cuestiones que para mí son intocables del libro al cual hace referencia. Yo me acerqué más, encontré qué era lo que no me había convencido y, a la vez, consolidé las preferencias. Sigo opinando lo mismo y no cambiaré la calificación: es una buena novela que se puede considerar innecesaria o independiente, pero peca de excesiva. Antes que nada, pido disculpas por la chatura de mi reseña. Como estuve explorando y marcando demasiado este libro, no quiero volcar todo acá. Sería aburrido. 

Antoinette Cosway es una niña que vive en Jamaica, más precisamente en un lugar llamado Coulibri, con su madre y los criados. Criolla y descendiente de una familia de esclavistas, Antoinette sufre las consecuencias, que consisten básicamente en recibir el odio de los negros y de los ingleses. Sin embargo, el odio al que Antoinette le teme es al de su madre, Annette, que la rechaza. La niña crecerá, se casará con un inglés que llega a la isla y ahí se pondrán en evidencia las diferencias entre ambos. 

Admito que la sinopsis es muy vaga (me gusta más la de la edición), pero culpo a la cantidad de sucesos que le ocurren a la protagonista en la primera parte, que consta de unas pocas páginas. Todos son muy violentos y desgraciados: le queman la casa, la madre contrae matrimonio y se vuelve loca, el hermano tiene un retraso madurativo. No niego que a una persona le puedan ocurrir tantas cosas en tan poco tiempo, sólo me refiero a que esto es ficticio y que se podría haber hecho una selección más acotada de vivencias porque, a fin de cuentas, Rhys trata de justificar el comportamiento futuro de Antoinette. Si hubiera experimentado menos tragedias, igual la justificaría y apelaría a la lástima del lector. No me puedo quitar la sensación de que hay algo que sobra y la novela no es tan extensa como para desarrollar mil temas. En algunas cuestiones, no va al hueso y se podrían haber explicado, como las divergencias entre las razas (no me gusta esta palabra, la uso porque la preciso) de las Antillas. De esta manera, el encono entre los Cosway y los demás habitantes no hubiera parecido tan superficial cuando, en realidad, era relevante para comprender la totalidad. Lo señalo porque obliga a buscar información (si lo ignora) y deja “colgado” al lector en la misma novela. Me sucedió la primera vez que la leí. 

La narración de WSS está compuesta de varias voces que no puedo indicar con lujo de detalles. Hay muchas perspectivas e intenta que no nos quedemos oyendo una sola campana, ya que los secretos que se ocultan y se revelan son determinantes. Antoinette no es la única persona miserable en la novela, pero sí es la que parece recibir, casi por decantación, los golpes de los que también sufren. Antoinette, a pesar de que se vuelve adulta, suena infantil, llena de nostalgia y se muestra insegura de sí misma. Lo mismo sucede con la voz de la segunda parte, que es masculina y más agresiva. En un momento se interponen y, aunque se utiliza en un momento clave, el recurso me disgustó. Es confuso y produce un efecto de desborde insoportable. En otros textos me fascina, pero aquí parece un despropósito. Es como agregarle más agua a un vaso que ya estaba rebalsando.  

En cuanto a los personajes, son odiosos. Sin excepción. Antoinette, la madre, sus respectivos maridos, Christophine (la niñera negra de Antoinette que practica magia), los criados… Juntos conforman una lista de gente destinada a hacer daño al prójimo porque primero se lo hicieron a ellos (una parte de la justificación del accionar de la protagonista) y, por supuesto, todos parecen estar de acuerdo en destrozar a la chica. SPOILER El marido en particular, <i> ese que conocemos</i>, queda como el villano de la película y le echa tierra al que tenía previamente en la cabeza. Tuve que esforzarme para desdoblar a ese personaje y no vapulearlo en mi relectura de Ya- Saben- Qué. FIN DEL SPOILER En su defensa, no son personajes planos. El desarrollo se da de forma gradual, lógica y desemboca siempre en algo siniestro. Si tuviera que elegir, Antoinette sería mi favorita por las distintas fases que atraviesa en la novela, sin perder la mirada maravillada que dirige hacia los lugares de pertenencia. Me hizo acordar mucho a Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson. Las similitudes (Siempre…  es anterior a este libro, ¿Rhys lo había leído?) me obsesionaron. 

Ojalá me hubiera encantado más, pero hay cuestiones que no las puedo salvar ni dejando a un lado el fanatismo. Las cosas que me gustaron de la novela las cuento con los dedos: la conformación de Antoinette (que ya mencioné), la influencia del hábitat en los personajes, la locación “exótica”, los hechos que disparan reflexiones acerca de los orígenes y el género femenino. Hay algo que no mencioné y que funciona como hilo conductor de la novela: la herencia de la locura. Los Cosway parecen compartir esa “maldición” que aumenta la desconfianza de los vecinos y hasta la de los propios criados. Si bien el padre de Antoinette no goza de buena fama, es interesante rastrear cómo afecta la supuesta esquizofrenia a Antoinette y a su madre. 

Destaco la inteligencia de la autora para mantener ocultos (hasta donde pudo) los nombres de los personajes. Comprometerse a escribir esta clase de libros siempre generan un riesgo, mucho más sabiendo que  el otro SPOILER (dato inútil, pero curioso: las fechas de los acontecimientos de WSS no coinciden con las de Jane Eyre y no sé si Rhys lo hizo por descuido o para despistar al lector)  FIN DEL SPOILER tiene una buena cantidad de lectores a cuestas que resisten ese entrecruce, como yo. WSS ya se ha hecho un nombre propio en la historia de la literatura del siglo XX y hay que aprender a vivir con eso. Al menos ahora ya no estoy enemistada con ella.

viernes, 23 de junio de 2017

"Yo acuso: la verdad en marcha", de Émile Zola

Título: Yo acuso: la verdad en marcha

Título original: J'accuse...!
Nótese el efecto nocivo de la humedad en el libro XD

Autor: Émile Zola (1840- 1902)

Año de publicación: 1898

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟

¡La verdad! ¿En qué concepto la tenéis, en todo este episodio que sacude por entero a una vieja organización, para creer que es un objeto sencillo y manejable, que se pasea por la palma de la mano y que se pone a voluntad en la mano de los demás como un guijarro o una manzana? 




Este libro resulta curioso porque consiste en una reunión de los artículos que publicó Émile Zola durante el caso Dreyfus y tienen una potencia atroz. Algunos pasajes hasta podrían resonar todavía en nuestros tiempos, como aquellos en los que se expone el intento de iniciar una guerra religiosa. Resumo rápidamente el caso: en 1894, el Ministerio de Guerra francés acusó al capitán Alfred Dreyfus de haber facilitado documentos confidenciales a los alemanes. La prueba contundente nunca se hizo pública y, a pesar de que un hombre llamado Ferdinand Walsin Esterhazy apareció como el verdadero traidor, a este se lo absolvió. Así, Dreyfus sufrió una especie de re-acusación, en donde además pesa el hecho de que era judío y alsaciano en un contexto antisemita y nacionalista. No es un dato menor. El pedido de la familia de Dreyfus para que se revise el juicio fue tomado en cuenta por mucha gente. Francia se dividió en dos: los que estaban a favor de Dreyfus y los que no. Hay unos cuantos nombres conocidos en ambos bandos. Zola (que pertenecía al primer grupo) se comprometió tanto con el tema que sus artículos lo llevaron a la cárcel y al exilio, debido a que las figuras públicas a las que él responsabilizó del escándalo judicial, político y social tomaron medidas y lo denunciaron por difamación. 

Lo interesante se contempla en cómo este escritor se dirige hacia las partes involucradas y utiliza la palabra para provocar un cambio. Se exalta al defender y defenderse, tratando de dar un “golpe” que despierte a esa Francia que tanto bregaba por los derechos del hombre. Zola ataca al antisemitismo (le quedó claro que, si se continuaba con la acusación a Dreyfus, era más por motivos religiosos que convicciones judiciales), a la prensa (la titiritera de los humildes, según su percepción, y la que echaba leña al fuego), a las autoridades y hasta llega a enviarle una carta a los presidentes. Yo acuso resulta ser un texto muy bueno por la claridad con que se pinta el día a día del caso y de la opinión pública, que sacaba de quicio a Zola. Él se ofrece como sacrificio en pos de la verdad y de la justicia y tal vez suene un poco grandilocuente. Lo cierto es que su análisis, por más molesto que sea (lo digo refiriéndome a la subestimación que hace de la inteligencia del pueblo, no a la defensa en sí), pone en el tapete muchos asuntos para pensar. Uno de ellos es el concepto de la verdad. Y, si bien el indulto a Dreyfus se otorgó mucho tiempo después, dejó al desnudo que Francia tenía dos caras. 

La edición (por si alguien tiene la misma o piensa adquirirla) está parcialmente incompleta. “El juicio”, “Carta a la juventud”, “Carta a Francia”, “Yo acuso” y “Declaración ante el jurado” son los únicos textos que se reproducen en su totalidad. Los demás, como la carta que le escribió a la esposa de Dreyfus, están constituidos por una selección de fragmentos. 

sábado, 17 de junio de 2017

"Tess: una mujer pura", de Thomas Hardy

Título: Tess: una mujer pura

Título original: Tess of the d'Urbervilles: A Pure Woman Faithfully Presented

Autor: Thomas Hardy (1840- 1928)

Año de publicación: 1891

Calificación: 🌟🌟🌟🌟




Todo esto ocurre por haber nacido en un astro picado y no en uno sano, ¿verdad, Tess?




Qué buen libro y qué buen final. Temía un poco perderme en la fama que tenía y decepcionarme, pero en la lectura me di cuenta de que la atención puesta en este libro no es gratuita. Tess habla, muestra, protesta. No creo que Hardy haya sido tan inocente como para no hacerlo y eso se nota en sus prefacios. Imposible no tratar de decir algo de una época tan acartonada e hipócrita como la victoriana.

La historia es, desde el principio, muy desgraciada y hay un hecho bisagra (que sucede en los primero capítulos) que está en casi todas las sinopsis. Me veo en la encrucijada de contarlo o no para no arruinar detalles, pero en todo caso lo oculto como spoiler (sólo tienen que seleccionar lo que ven en blanco). Tess Durbeyfield es una joven muy hermosa, hija de un vendedor de cera que de la noche a la mañana se entera de que él y sus hijos son el último eslabón de una familia muy antigua, los d’ Urberville. El padre de Tess se pone loco de contento y empieza a proclamar por todo el lugar (esto transcurre en la campiña) que es descendiente de caballeros. Ahora bien, parece que alguien más ha adoptado la forma original del apellido y cuando se produce un momento de necesidad económica (los Durbeyfield son pobres) la envían a Tess a pedir limosna, básicamente. Y, si es posible, que se case con el joven de la familia.

El acontecimiento que marca todo el resto del libro y no se puede obviar del todo es que SPOILER el joven Alec d’ Urberville se obsesiona con Tess y abusa de ella mientras estaba dormida en el bosque. Por supuesto, él lo va a negar y a decir que tuvo su consentimiento, cuando en realidad Tess no sabía ni lo que estaba haciendo, gracias a la ignorancia a la que los padres sometían a sus hijas en lo tocante al tema. FIN DEL SPOILER Esto pondrá en duda, por la consecuencia que trae, qué tan pura es Tess. Porque a ella nadie le preguntará qué pasó y si se siente bien, no, no. Ni su madre (una bestia) lo hará. A Tess la señalarán con el dedo y murmurarán detrás de sus espaldas, no importa si se quiebra el cuerpo trabajando y trata de ganarse el sustento. Entonces Tess tendrá que buscar un rumbo nuevo e irse de la casa paterna. Previamente, habrá un cruce con un personaje importante de la historia, Angel. Cuento todo esto porque, más allá de que el libro sea literariamente bueno, creo que la historia merece un foco aparte.

Hardy lleva al lector a dar un paseo (no siempre grato) por el campo, en el sur de Gran Bretaña, si no me ubiqué mal. La ciudad siempre es algo lejano, un lugar de rebote, no de paso. A la ciudad se va para viajar hacia otra parte, al campo se va a vivir experiencias. Las descripciones en tercera persona de los trabajos rurales son muy buenas (y supongo que acertadas, porque admito que no busqué el proceso de elaboración de la manteca en esos tiempos, por ejemplo) y demuestran el poder de observación y de compromiso de Hardy, quien, al parecer, tenía ciertos problemas con la industrialización. Hardy pone a prueba a la gente, porque los términos que utiliza no son los que una acostumbra a cruzarse en los libros, ya que la labor en la lechería tiene sus términos específicos, al igual que las demás. En ese momento la lectura se entrecorta un poco, pero no la desalienta. El único momento en donde sentí que el libro se hacía lento fue durante la cuarta y la quinta parte, porque hay algunos hechos que se alargan innecesariamente y esto, acompañado de las descripciones de Hardy, me causó cierto malestar.

Otra cosa que fue difícil de seguir porque era omnipresente: la religión. En este libro coexisten personajes con creencias pertenecientes a distintas iglesias. No recuerdo si hay algún capítulo en donde no se mencione algo de eso. Me parece que existe cierta crítica de Hardy en algunas frases, sobre todo porque ninguna de las religiones es capaz de albergar a Tess, que tiene una confusión tremenda en cuanto eso. Supongo que pensar esto hace que haya alguna utilidad en toda esa parafernalia de credos y mucho más en una población rural, pero en un punto me agotó. SPOILER La gota que rebalsa el vaso es asistir a la conversión de Alec en un predicador, cosa que no le dura mucho porque él mismo se encargará de culpar a la mujer de haberlo “tentado” dos veces. Es una de las ironías del destino de las mujeres: Alec encuentra consuelo en la religión, Tess no. FIN DEL SPOILER

En cuanto a los personajes, todos poseen sus luces y sus sombras. Hardy los matizó maravillosamente bien porque en algunas situaciones una duda de ellos, de su verdadera personalidad. Las reacciones que cada uno de ellos tiene ante el pasado de Tess sirven como vara para medir, por ejemplo. Y más de uno causa una decepción, ya que se espera más compasión por la protagonista. Tess me cayó bien como heroína porque toma decisiones pero es exasperante cuando no piensa por sí misma. Está atravesada (y me juego a que está hecha así a propósito) por las creencias de los demás, por los pensamientos ajenos, por los tiempos ajenos. Piensa que su condición la limita y no tiene otra opción que agachar la cabeza y dejarse manipular. Como ya dije, el siglo XIX se encargó de destrozar a las mujeres con su paradigma moral insostenible y disparejo y el desinterés por verlas más allá del rol de esposa, madre y cosa (sí, ser una cosa sigue siendo un rol). SPOILER Es muy impresionante la parte en la que Tess se “afea” porque advierte que su principal problema es ser hermosa y llamar la atención de hombres a los cuales ella no les pide ninguna opinión.  FIN DEL SPOILER La ingenuidad y la desesperación por ser aceptada la llevan a cometer un error muy grande y pierde lo que más quiere por eso. Tess es arrastrada por las circunstancias, a fin de cuentas. Los demás protagonistas, como Angel, el desagradable Alec, los padres de Tess (aunque estos aparecen menos) y las nada rencorosas Izzy y Marian, contribuyen a elaborar el destino de Tess.

El final es inesperado pero el libro da pistas y hay que prestar atención. Hardy plantea un dilema y, aunque se evidencia que está de parte de Tess, el narrador trata de tomar distancia del asunto y está bien. Pienso que, de haber ocurrido eso en el principio, el curso de la historia hubiera sido el mismo, así que está puesto estratégicamente para que impacte y cierre el libro.

No sé si seré muy exagerada al decir que Tess me pareció uno de los mejores libros escritos durante la época victoriana. Hay muchos y tal vez en un punto todos se asemejan, por eso me atrevo a decirlo. Y creo que la protagonista sufrida y desesperada, en este caso, toma un riesgo que no vi que lo tomaran otras. Me quedo con la sensación de que Tess logró cubrir mis expectativas con sólo contarme la historia de una mujer desdichada, víctima de su entorno íntimo y del contexto social. 

domingo, 11 de junio de 2017

¿Por qué hay que ver "Wonder Woman"? ¡Sin spoilers!

“¿Quién sería si me quedo?”, pregunta Diana, la princesa de Themyscira, antes de abandonar la isla natal. Esa frase (es una traducción muy literal, lo sé) permaneció dando vueltas en mi cabeza porque, si el espectador se animara a responderla, habría múltiples posibilidades. Sin embargo, ninguna sería satisfactoria para lo que Diana pretende hacer y, tal vez, nos quedaríamos sin heroína (aunque podría serlo en la isla, ¿por qué no?). La cuestión es que Wonder Woman (2017) se trata de una mujer que decide cambiar el rumbo de su destino más cómodo (es decir, vivir tranquilamente entre las amazonas) para meterse en el mundo de los humanos a los que ella prácticamente ignora y a los que nada les debe. Pero cuando Steve Trevor cuenta lo que se está viviendo más allá de esa isla, cuando escucha que la Gran Guerra puede tornarse más cruel de lo que ya es, Diana elige intervenir. Designio de los dioses o no, ella se va. 

Puede sonar infantil, pero una vez pensé algo parecido a la frase con la que inicié el texto. Cuando anunciaron que iban a hacerle una película a Wonder Woman, resolví que la vería en el cine si la suerte me dejaba (es decir, si no me enfermaba por esos días, si tenía un peso en el bolsillo o algo similar). Quería verla, no sólo porque pasé días geniales de mi infancia viendo la repetición de la serie con Lynda Carter en Warner (y ahora me desacostumbré a mirar series, lamentablemente), Super Friends y Justice League Unlimited. Tampoco porque es mi superheroína favorita o me cae bien la actriz. No digo nada nuevo si me pongo a hablar de la maldición que pesa(ba) sobre las películas o series protagonizadas por heroínas. No sumo mucho si me quejo del caso omiso que Marvel hace al pedido de una película monográfica de Black Widow o el desplante que le hicieron a la villana en Iron Man 3 (2013). Por eso pensé en todo esto y dije “voy al cine, quiero ver a Diana, quiero aportar a que digan que sí funciona”. Quién sería si me quedo, ¿no? Y qué bueno que no me quedé.   

Ahora bien, no pretendo hacer una reseña de la película porque no soy especialista en cine y mucho menos en comics, a pesar de que me encanta todo lo relacionado a ellos. Mi lenguaje técnico y mi ojo no funcionan como cuando leo un libro, pero puedo tratar de tomar las riendas de otro modo. Me atengo a hablar de las cosas que observé en la película. Lo que me interesaba contar de Wonder Woman no está ligado sólo a que es una buena película y que finalmente me hizo sentir que el universo cinematográfico de DC había dado en el clavo (por supuesto, estoy dejando afuera de esto a la trilogía sobre Batman dirigida por Christopher Nolan). Está relacionado a lo que esta superheroína significa para mí y el motivo por el cual creo que todos, sin distinción de género, deberían darle una oportunidad. Antes que nada (no quiero hacer esto muy largo, juro que termino pronto), la película se está tildando de feminista y sí, tal vez lo sea. Debido a que el término no está exento de subjetividades, aclaro que es “feminista” como corresponde, sin bastardear a los hombres y sin plantear la superioridad de las mujeres. En Wonder Woman no hay misandria, una palabra que siempre pulula cuando se habla de superheroínas (¿qué culpa tiene de que todos los que la enfrentan sean hombres? Eran soldados, ¿qué esperaban?). Se dice mucho “ellos tal cosa y ellas tal otra” porque se le está retratando a Diana cómo es la sociedad con la que choca culturalmente y no encaja porque no se lo permiten. No intenta incomodar, simplemente establecen las diferencias entre la Londres de 1918 y Themyscira. La película no denigra a nadie y se nota que desde el “vamos” fue pensada para todos los públicos. Y la relación entre Diana y Steve, por si quieren saberlo, no empalaga y sale bastante del molde. Las interacciones entre ellos no tienen desperdicio. Como dicen por ahí, Gal Gadot no es Meryl Streep, pero compone muy bien a Diana (y tiene voz raposa, cosa que me parece genial, y cada tanto lanza esa mirada que advierte “conmigo, no”) y Chris Pine acompaña de maravillas. Para ser honesta, lo único que me decepcionó de la película es el patetismo de los villanos, sumando los pozos mínimos en el argumento. Siempre hay alguno. Ah, y algunas escenas en donde cuidan que la protagonista se vea hermosa y prolija.

Una de las cosas que amé terriblemente es la complejidad de Diana Prince. Como le comenté a una amiga hace poco, ella es todas (o casi todas) las mujeres en una sola. Es increíble lo simpática que resulta con su extravío en medio de un mundo hostil. Diana no se enoja con la realidad: la pelea. Rompe una falda ceñida que le impide pegar patadas, irrumpe en reuniones reservadas a los hombres, se planta cuando cree que algo es injusto sólo porque le conviene a unos pocos. Diana no acepta “quedarse”, ella viajó hasta allí con un propósito. Y mientras se enternece por un bebé, demuestra sus conocimientos (quiero hacer una entrada sobre autores antiguos que menciona, por cierto), se enamora, se horroriza con la guerra, toma decisiones, recibe y desoye consejos, protesta, se indigna, es híper comprensiva, se muestra amable y sí, lo más importante para los que adoramos las escenas de acción, empuña una espada con una fiereza excepcional. Me gusta esta Diana Prince. Tal vez en Batman v Superman: Dawn of Justice (2016) se la presente con una faceta seria, pero es mucho más que eso.

Lloré en esta escena. Sepan comprender.

Así que vayan, si está a su alcance. Vayan, vayan, vayan. No puedo decir “hagan como yo” porque no soy quien para obligar a nadie y no soy ejemplo de nada. Lo único que puedo hacer es contarles mi experiencia. Al empezar a buscar los horarios de las funciones de cine por internet se me cruzó por la mente el frío que haría en Buenos Aires ese día (efectivamente, fue un día gris y helado), la cantidad de dinero que implica gastar en este país para una salida de entretenimiento, la posibilidad de que hubiera algún problema en el transporte o que me tocara una sala llena de gente que comenta la película mientras la está mirando (y ahí le hubiera dado la razón a todos los que la disfrutarán en sus casas). Pero en un rapto de inspiración me pregunté “¿quién sería si me quedo?” (por segunda vez) y me convencí. 

Nota: tengo pegada la canción “To Be Human”, de Sia y Labrinth. Y no molesto más.

Nota 2: agradezco los comentarios, en serio, pero no dejen spoilers 😉

viernes, 9 de junio de 2017

"Condena", de Rachel Hawkins (Hex Hall #1)

Título: Condena

Título original: Hex Hall

Serie: Hex Hall #1

Autora: Rachel Hawkins (1979)

Año de publicación: 2010

Calificación: 🌟🌟🌟

Composición de la serie:

2) Desafío

3) Embrujo

Spin off (se ubica después del último):
School Spirits






Tres estrellitas que van no porque soy mala (a veces me siento más bruja que la protagonista de este libro…), sino porque confío en que va a mejorar. Como casi todo inicio de una saga, Condena es muy introductorio y nos va presentando su mundo y sus personajes, aunque pueda pecar de superficialidad en varias ocasiones. Divertido y ágil, pero poco innovador. Ese sería un buen resumen.

Sophie Mercer es la protagonista de una historia que la tiene como el desastre más desastroso del universo. Apenas empieza el libro ya sabemos que tiene poderes (primer error) y que la van a enviar a un reformatorio para Prodigium (brujas, hadas y metamorfos) porque es un peligro caminando. En fin, allí va a conocer a una amiga rara, al chico más guapo del colegio (segundo error) y al trío de tontas que se creen cool (se prenden las luces rojas del error). La verdadera intriga está en los incidentes que la van a tocar de cerca.

El mundo que rodea a Sophie es simple, al menos por el momento. Hay cierta leyenda que explica el origen de los Prodigium (y está pésimamente explicada, por cierto). Hay brujas oscuras y blancas, demonios, hadas y metamorfos. Hay secretos que, si fueran revelados, dolerían. Y, por supuesto, existe un Concilio que fija reglas y grupos “anti gente mágica” que le van a dar un toque interesante. Como Sophie fue criada por su madre humana, no conoce mucho de ese mundo salvo por lo que leyó en algunos libros, así que las personas que conocerá la iluminarán un poco en el tema. Lo malo es que a veces no ahondan en lo que están comentando (tal vez porque es algo que Sophie ya debería saber y por eso lo hacen con cierta dejadez) o dicen todo a medias. En todo caso, esto último se vuelve comprensible.

Los personajes me parecieron estereotipos, casi calcados de una película de secundaria (Mean Girls, tal vez), pero son bastante queribles, graciosos y tienen ciertos giros que los sacan parcialmente del encasillamiento. La protagonista está correcta y piensa rápido. Tengo la sensación de que en el próximo todos se van a complejizar más, ya que la historia lo amerita. Algunos SPOILER (como la Vandy, una suerte de Severus Snape versión femenina, y Casnoff, que se muere por ser Dumbledore) FIN DEL SPOILER necesitan urgente un lavado de cara que los haga identificables por sí mismos.  Al leer este libro tuve la sensación de estar leyendo pedazos de otras sagas y de estar frente a sus elementos, así que lo primordial fue ver de qué forma se insertaban en la historia para volverla más original y hacerla avanzar. El punto a favor está ahí: sus particularidades lo hacen, no las ajenas.

Cuando termina el libro va quedando más claro por qué Hex Hall vale la pena el esfuerzo y por qué leí las continuaciones. Me gustó el final y quise saber qué sería de las complicadas y mágicas vidas de estos personajes.


miércoles, 31 de mayo de 2017

"Siempre hemos vivido en el castillo", de Shirley Jackson

Título: Siempre hemos vivido en el castillo

Título original: We Have Always Lived in the Castle

Autor: Shirley Jackson (1916- 1965)

Año de publicación: 1962

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟



Quizá esas casas selectas habían sido capturadas – ¿quizá como castigo a los Rochester y a los Blackwood y a sus corazones secretamente malvados? – y las tenían prisioneras en el pueblo; quizá su lenta putrefacción era un símbolo de la fealdad de los habitantes del pueblo. 





La cita que extraje es sólo una muestra de lo incisiva que puede ser la narradora que maneja este libro. Soy consciente de que no es el mejor, sé que el final no tiene el impacto de las revelaciones que se hacen a lo largo de la lectura y también sé que pierde “tiempo” (o páginas) dando explicaciones que podrían haberse obviado. Sin embargo, Siempre hemos vivido en el castillo es uno de los libros que más movieron mi experiencia lectora en los últimos meses. Me encantó, lo disfruté, me atrapó y así lo califiqué. 

Siempre hemos… cuenta la historia de Mary Katherine “Merricat” Blackwood, una chica de dieciocho años que vive en una de las mejores casas del lugar junto con su hermana mayor Constance, su tío Julian y Jonas, el gato. Ellos son los (casi) últimos Blackwood, ya que el resto de la familia falleció en un episodio tétrico que se irá revelando con el correr de la narración. Merricat es la única que sale de la casa (sólo hace las compras y va a la biblioteca) mientras que su hermana se dedica a cocinar y su tío a… bueno, a escribir un libro y tomar sol. La vida es muy apacible de esa forma, pero luego están los vecinos que los señalan con el dedo y no pierden oportunidad para hostigar a Merricat cada vez que la ven en el pueblo. Las razones de este comportamiento son variadas y complejas.

Durante gran parte del libro se asiste a la vida semi ordinaria de los Blackwood. Las descripciones son un poco extensas, algunas se repiten (como el hecho de que Merricat se obligue a ser más amable con el tío) e incluyen mucha comida (admito que abre el apetito porque todo lo que cocina Constance suena rico). El hermetismo de ellos es parcial, pero tampoco rompe la burbuja. Merricat, Constance y Julian reciben visitas y las espantan con sus maneras afectadas, llenas de silencios, salvo cuando Julian abre la boca y saca a la superficie el episodio que los condenó a esa manera de vivir. El tío funciona como la memoria parlante del pasado, trayendo a colación aquello que Merricat quiere (¿quiere?) soltar en medidas dosis. La irrupción de un elemento extraño en la casa (seré más clara: es un humano) altera completamente la rutina y el orden al que están acostumbrados, a tal punto que Merricat dejará de comportarse como una chica medianamente obediente. SPOILER Charles Blackwood, el primo, remueve lo peor de cada habitante de la casa. La única que se excluye es Constance, quien se mantiene impoluta y educada hasta en las situaciones más violentas. FIN DEL SPOILER 

Merricat es la voz cantante de la historia y me atrevo a decir que es una de las mejores que he leído. Al ser un personaje con muchas aristas, su perspectiva puede pertenecer al plano de la realidad o al de la fantasía (como el deseo de vivir en la Luna). Puede ser muy infantil o muy adulta, muy cariñosa o muy agresiva. El lector tiene que recomponer esos pedazos de Merricat para intentar comprenderla (o no). A veces parece formar un cuento de hadas que repentinamente se mancha con algo turbio o creepy. De principio a fin, Siempre hemos… está condicionado por lo que Merricat quiere que sepamos y lo que oculta porque le conviene. Para mí, es uno de los enormes puntos a favor de este libro, porque me encontré leyendo y leyendo sólo para que ella me explique o, al menos, confirme o destruya mis teorías. Se la puede acusar a Merricat de no ser la más simpática del universo y sería algo justo. No obstante, no hay que olvidar que los vecinos se merecen un cero en comportamiento y se mimetizan con los salvajes pensamientos de la protagonista. No existen diferencias abismales entre el mundo de afuera y el mundo de adentro. El mundo interno de la muchacha ya es otro asunto (espero que la película haya aprovechado eso). 

La primera parte de Siempre hemos… me gustó porque su carácter introductorio no entorpecía la buena experiencia de lectura. Se desarrolla lentamente mientras Merricat pretende ser una bruja que utiliza hechizos (enterrando objetos, por ejemplo) para proteger la casa o convierte las calles del pueblo en una especie de Juego de la Oca. Todos son indicios para entender mejor los capítulos en que la supuesta paz de los Blackwood se rompe y da paso al accionar extraño de Merricat, a la sumisión de Constance, a la ambigüedad de Julian. La interrupción de lo que simula ser un Edén para personas con dotes mínimas para socializar desencadena la parte más movida del libro, pero no la más temible. Creo que es la única falla que puedo señalar: el suspenso lo percibí en los primeros capítulos, no en el clímax. Allí residía una proporción importante del gótico, que no se limita a la inclusión de una casa cerrada con habitantes extraños y ya. SPOILER La narración ascendente de Merricat (es decir, el aumento de sus fantasías enfermizas) me causó más escalofríos que el incendio de la casa, por ejemplo. Me sorprendió la planificación de la chica para sacar a los estorbos del medio, no su debida ejecución. FIN DEL SPOILER Después del hecho que marca definitivamente el cierre, se desenvuelve un final que no cubrió mis expectativas pero que conservó la dignidad de la historia. Es muy peculiar y esperaba algo contundente. Tal vez debería haber recordado La lotería, (lo reseñé en Goodreads, algún día lo subiré por acá) también de Jackson, antes de presuponer cosas. Por cierto, este libro me pareció mucho mejor escrito que ese cuento. Es perturbador notar que los fragmentos más poéticos coinciden con los momentos más álgidos del desprecio de Merricat hacia los que considera como invasores. Sin embargo, las descripciones detallistas de los alrededores de la casa (asociados al estado de calma) no se quedan atrás. Lamentablemente, otras sobran, como la enumeración exhaustiva de los objetos que se hallan dentro de lugar. Sé que tiene su cuota de importancia a la hora de marcar el status socioeconómico de los Blackwood SPOILER (sobre todo cuando los vecinos, después del incendio, entran a destrozar lo que queda del mobiliario y demás, reforzando así la idea de Merricat: envidiaban el buen pasar de la familia), FIN DEL SPOILER pero fue innecesario ubicarla hacia el final. 

En el posfacio, Joyce Carol Oates (a quien no tuve oportunidad de leer fuera de sus trabajos críticos) da algunas pautas de lectura que se pueden debatir e incluso ampliar, pero me parecieron acertadas. Guardé fragmentos que iluminan el libro (no los reproduzco para que la reseña no sea infinita) y ayudan a transformarlo en algo menos extraño, si eso es posible. Tampoco estoy segura de querer desgranar Siempre hemos… punto por punto porque perdería la ingenuidad y la pasé muy bien leyendo. Hace bastante que no me cruzo con personajes complicados que integran una historia de esta índole, de esos que te hacen cuestionar de qué lado estás y por qué. Merricat es una manipuladora efectiva: casi me convence de querer ir a la Luna a mí también.      

viernes, 26 de mayo de 2017

"La edad de la inocencia", de Edith Wharton

Título: La edad de la inocencia

Título original: The Age of Innocence

Autora: Edith Wharton (1862- 1937)

Año de publicación: 1920

Calificación: 🌟🌟🌟🌟🌟



Quiero decir... ¿cómo te lo explico? Siempre me pasa lo mismo. Cada vez sucedes de nuevo para mí. 



Edith Wharton debería dar clases (si pudiera) de cómo se debe transformar una historia sencilla en una que adquiere tanta vida propia por la forma en que está contada, que la simpleza deja de importar.  La edad de la inocencia no tendrá EL argumento, no es una red intrincada de personajes, intereses y giros, pero compensa todo con una trama que se enreda y va fluyendo sola, casi sin que Wharton la empuje, hacia el final. 

La historia está ambientada en la New York de 1870 y algo. Allí están los miembros de la aristocracia, esos que se quieren parecer a los europeos pero que no cesan de diferenciarse de ellos, armando sus costumbres y sancionando con el olvido a aquellos que no las respeten. Newland Archer es un joven abogado que está comprometido con May Welland, quien a la vez tiene una prima, Ellen Olenska, que vuelve a New York después de un turbulento matrimonio en Europa. Mientras la familia trata de convencerla de que no se divorcie de su marido y vuelva con él, Newland deberá convivir con algunos sentimientos que pensó que ya había enterrado con su pasado. Las mentiras, lo dicho y lo no dicho, la presión de la sociedad y de las familias serán determinantes.

Es predecible, lo sé. Casi todo el libro se debatirá en las idas y venidas de un hombre que está a punto de casarse y que ve una sombra cada vez que piensa en la palabra “matrimonio”. Y esto es, en parte, un pilar fundamental de la historia, ya que la voz narradora se encargará de desgranar muchas ideas sobre el matrimonio, los conflictos y las obligaciones de las personas que lo conforman. También critica a la sociedad neoyorquina con una ironía cruel que hasta me sonó vengativa, porque después de leer los pasajes que le dedica una no tiene ganas de vivir en esa época. El círculo de gente respetable (hasta cierto punto…) y con poder es tan diminuto, que siempre se queda en el centro del blanco de las conversaciones que se dan en las reuniones. Eso le sucede a Ellen Olenska, que con sus intenciones de divorciarse, su manera de vestir y su pasado dudoso es un tema ineludible de charla y de críticas. No se lo merece: a lo largo de la historia este personaje demuestra tener un carácter admirable, además de pronunciar la mayoría de las frases geniales que se dicen en La edad de la inocencia.

Sin embargo, el protagonista es Newland. Me encantó como personaje masculino, sin importar que algunas actitudes hacia el final del libro sean un tanto reprochables. SPOILER No me gusta, por supuesto, que engañe a May con otra mujer, ni siquiera de palabra. FIN DEL SPOILER  Newland aporta una perspectiva ceñida de la sociedad neoyorquina (a la cual él pertenece y debe padecer), en donde la familia de su novia es una de las voces más censuradoras de la misma. Él se debate entre lo establecido y lo que podría ser. Se nota la tensión que vive cuando trata de defender lo indefendible mientras los demás señalan con el dedo y lo meten en compromisos como convencer a Ellen de que no se divorcie porque está mal visto. No es lo único que va a complicar a Newland en el libro, pero en esos lugares surge la riqueza del personaje y me gustó mucho cómo lo manejó Wharton. Hay muchos otros personajes que se destacan por estar de un lado o del otro, como Mrs. Welland y Beaufort, por evocar a dos  que serían el agua y el aceite. Y luego está May, la novia en cuestión, que provoca frialdad con su “no opinión” de los asuntos, las descripciones desfavorables de la narración y los pensamientos de Newland. Ella tampoco puede eludir los comentarios malintencionados de algunas personas, pero no despierta simpatía como para defenderla. Y al final, tienen un poco de razón. Lo único que pude admirar de ella fue su entereza.

Está bien narrado, con una voz cargada de flechas contra los “intachables” de New York y sus reglas ridículas que afectan la vestimenta, las visitas a las casas, la Ópera y hasta las bodas. Tanto en esta novela como en algunos cuentos que leí, Wharton apunta a temas de los cuales todavía no se hablaba demasiado o causaban cierta incomodidad, a pesar de situarse ya en el siglo XX. Aunque este libro no presenta ninguna resistencia en el estilo, particularmente me sentí perdida en los primeros capítulos que establecen las relaciones de parentesco de unos cuantos personajes. Como usan doble apellido, algunas parejas me hicieron una maraña en la cabeza, pero fue temporal (por suerte). Más allá de eso, La edad de la inocencia se deja leer y sorprende con escenas muy bonitas y memorables entre los protagonistas. El final es agridulce y esperaba que fuera así por el curso de los acontecimientos.

Disfruté mucho este libro y lo recomendaría a personas que estén enemistadas con el género romántico, como yo. Cuenta una historia de amor pero no la exprime y no la arruina con melodramas innecesarios y agregados de azúcar en proporciones temibles. Hay amor y pasión, pero no como uno se lo imagina al leer las contratapas de ciertos libros. Esto es más del estilo de Jane Austen, en donde un matrimonio que está por concertarse termina sacando a la luz otras cosas, como la hipocresía de ciertos personajes y los convencionalismos endebles. Wharton tiene un estilo propio, muy sencillo pero sin fisuras, y se vuelve una autora muy interesante para ver. No me había convencido con los cuentos, pero esta novela sacó a relucir lo mejor de ella, evidentemente.